Narraciones de la Amazonía

un rígida guardia, para evitar que el excazador volviera a sus andadas y pretendiera cazar a su mejor y más valiosa presa. Prisionera en la maloca a orillas del Huallaga, Tunumba se encerró en sí misma en un silencio impenetrable. Ni siquiera la abuela Tutuma podía, con sus palabras, su buen humor y su ternura romper esa coraza de soledad y silencio. La fuente y el origen de su alegría y dicha de antes ―las voces de la naturaleza― parecían ahora herirla como espinas porque, tal como intuía la abuela Tutuma, el hombre y la naturaleza solo son felices en la libertad y en el amor. Abrumado por esta realidad, Tunum se perdió en los bosques para dejarse morir. Incluso los animales que antes él cazaba ―ágiles venados, otorongos de ojos llameantes, papagayos con plumajes pintados por la primavera― tenían compasión de su abandono y su tristeza. Fue en estas circunstancias que los hijos de la naturaleza ―todos los animales del bosque y la flora y su infinita variedad― pidieron ante la madre de la naturaleza: El amor de Tunum y Tunumba

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx