―Tunum y Tunumba son también tus hijos y no se merecen el dolor que están padeciendo. Tienes que intervenir―clamaron. La madre de la naturaleza, enternecida, se llevó el dedo a la frente, pensó por unos instantes y tomó la decisión salvadora: Convertiría a Tunum y Tunumba en arroyos y los juntaría en una catarata, para que se precipiten desde las alturas de una de las montañas de Chazuta y discurran con dirección al río Huallaga. Y así, los dos arroyos con sus aguas mezcladas, unidos indisolublemente en una catarata, vivirían juntos y para siempre. Para siempre, salvo que el espíritu malvado del señor de Chazuta se encarnara en uno o más hombres y estos empezaran a talar los bosques que dan vida a los dos arroyos que forman la catarata. Sin bosques y sin agua, los dos arroyos y la catarata podrían secarse y morir. ―Espero que eso no ocurra nunca ―pensó la madre de la naturaleza. Es así como nació la catarata de Tunum y Tunumba en las proximidades del pueblo de Chazuta, en las orillas del bajo Huallaga. El amor de Tunum y Tunumba
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