Narraciones de la Amazonía

68 Allí, para curar su tristeza y decepción, para apaciguar su energía y habilidad de predador de la naturaleza e, incluso, con la explícita voluntad de encontrar la muerte en una de las innúmeras batallas, no solo encabezaba a pecho descubierto los choques con las fuerzas adversarias, sino que desafiaba abiertamente los disparos de cerbatana, las lanzas embadurnadas con curare, las galgas lanzadas desde las cumbres, las trampas y todos los peligros, acechanzas y armas que los enemigos empleaban para matarlo. Inmune a los peligros mortales de la guerra, convencido de que sobreviviría siempre a la ponzoña del curare, abandonó los campos de batalla y se sumergió en el curso de dos lunas consecutivas a vivir en las profundidades del bosque; pero esta vez para conocerla, dialogar con ella, escuchar su voz, penetrando en sus secretos y misterios más íntimos. Solo así, al final de las dos lunas, llegó a amarla y volvió a escuchar la voz de Tunumba en el canto de las oropéndolas, en la melodía del pájaro flautero, en las voces de la naturaleza. Cuando volvió a los territorios del señor de Chazuta, Tunum era otro. Estaba transformado y Tunumba no hizo sino mirarlo para saber que ese hombre joven, musculoso como un ídolo de barro, de cabellos largos y mirada fresca y dulce como una pomarrosa y ella eran uno para el otro. Tunum requirió de más valor que en los campos de batalla para pedir en matrimonio la mano de Tunumba al señor de Chazuta, su tío. Pero este, encolerizado, respondió que su hija estaba destinada a ser desposada por el señor de Pajatén, un poderoso señor que reinaba desde las altas estribaciones de la cordillera Oriental hasta las márgenes del Huallaga, en los mismos linderos de los territorios del señor de Chazuta. El señor del Pajatén nunca había invadido el señorío de Chazuta por la poderosa, inmutable y respetada frontera que significó desde siempre la oferta de recibir en matrimonio a Tunumba. El señor de Chazuta no solo se negó al matrimonio entre Tunum y Tunumba, sino prohibió que ambos jóvenes se vieran o se hablaran y ordenó que su hija fuera encerrada en una de las malocas del palacio, con El amor de Tunum y Tunumba

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