alimento muy nutritivo para nosotros ―añadió sonriente y contento el jefe de las termitas. Luego ordenó que todos volvieran a su gran casa, donde habían construido cientos y miles de habitaciones, en las que cada uno de ellos se dedicaban a sus tareas. La señora tortuga mira con agradecimiento y asombro a las organizadas y disciplinadas termitas que regresan a su casa. Se pone a pensar en las termitas, que así como ahora han protegido sus huevos, ellas también son capaces de atacar y destruir la casa del hombre, comiéndose la madera que tanto les gusta. “Pero se comen la madera que está verde, la que no está preparada. Es un error del hombre cortar la madera verde. Las termitas le hacen pagar su error al hombre”, reflexiona la señora motelo. Y, pensando que en la vida los errores se pagan, da una mirada amorosa a los túmulos de tierra y camina en busca del gran árbol de ubus. La señora motelo y las termitas
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