La señora motelo y las termitas señora iguana o a la señora boa de tierra o al más peligroso de todos, al hombre, que se podía llevar no solo los huevos, sino también incluso a la señora motelo. Los ojos de la señora motelo se llenaron de lágrimas; pero esta vez no de dolor sino de temor. Su cuerpo se estremeció al escuchar una voz, de registro muy agudo, que desde una palmera de yarina, una de cuyas hojas filtraba los rayos del sol sobre los huevos, le dijo: ―Señora motelo, no tenga usted ningún temor de perder sus huevos y, por tanto, a sus hijos. Nosotros nos ocuparemos de protegerlos como lo venimos haciendo desde que el mundo es mundo y la Tierra es Tierra.
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