35 La señora Oroma miró a los niños y dijo: En un bosque poblado de palmeras viven la señora shushupe y el señor picuro. Ella es la serpiente más temida del bosque amazónico y en las noches cuando emite su silbido, como el cloqueo de una gallina, la gran orquesta de la selva tocada por grillos, sapos, mamíferos, aves y otros habitantes se queda en silencio, paralizada. Hasta el viento, temeroso, parece detener su paseo nocturno. Los hombres también temen a la señora shushupe. “La shushupe te sigue a gran velocidad por el bosque”, dicen los hombres temerosos cuando escuchan su silbido. “Pero si te sigue y está a punto de alcanzarte, le arrojas tu camisa, tu pantalón o algún trapo que llevas en la mano. Eso la confunde y, mientras ella ataca tu camisa, tu pantalón o la toalla que le has arrojado, tú huyes con todo lo que te dan tus piernas”, aconsejan los hombres. En las noches, el largo cuerpo de más o menos tres metros de la señora shushupe se queda quieto, mimetizado debajo de un árbol caído o entre grandes hojas secas de uvilla, esperando a sus presas. Le encantan la sabrosa carne de los ratones del bosque, los huevos y los pichones de pájaros. En contraste, el señor picuro es uno de los habitantes más inofensivos y queridos del bosque. Su cuerpo es pequeño y regordete, y sus piernas cortas, lo suficientemente fuertes y ágiles para correr cuando los perros del hombre lo persiguen con saña o el poderoso otorongo corre pisándole los y el señor picuro shushupe
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