26 lobo de río Con una sonrisa sabia, Oroma se acomodó en su asiento y comenzó: En el pequeño río Palma Real, afluente del gran río Madre de Dios, vive todavía un viejo lobo de río, de piel muy lustrosa por los años de uso. Ha perdido un poco la vista, y los afilados colmillos de su juventud son ahora como dos lanzas gastadas y sin puntas. Salvo su edad, nada en él llama la atención de los habitantes del bosque y los ríos, excepto un detalle. Es el único lobo de río que tiene como amigo un pequeño pez, lo que es sencillamente extraordinario y sorprendente, teniendo en cuenta que los lobos de río comen solo peces y que desde que el mundo es mundo lobos de río y peces son enemigos irreconciliables. Pero veamos cómo es que el lobo de río y el pez llegaron a ser amigos en el pequeño río Palma Real, en Madre de Dios. El lobo de río era el habitante más orgulloso y soberbio del río Palma Real. ―Soy el rey de este río. Los habitantes más poderosos me respetan. El gran lagarto negro no me toca y más bien me saluda con respeto. La poderosa anaconda me manda regalos de peces ―se vanagloriaba el lobo de río. Desde el amanecer al atardecer se la pasaba engullendo pescados. Se comía un promedio de diez kilos de sabrosas palometas, corvinas, sábalos, sardinas y tucunares. Los mejores y más sabrosos peces del río Palma Real. ―Yo solo como pescados finos. Los más grandes y sabrosos. Yo no gasto mis dientes en masticar bujurquis, boquichicos y carachamas. Esos peces ordinarios y comunes son comida para el lagarto negro ―solía decir con soberbia. Con el tiempo, al orgullo y la soberbia, el lobo de río sumó la crueldad. Ya no solo pescaba para comer, según sus necesidades, como hacen los otros habitantes del río que se alimentan de pescados, sino que mataba peces el pez y El
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx