Narraciones de la Amazonía

El ayaymaman busca a su madre en el bosque de plumaje marrón oscuro, que se mimetizan y se confunden con las hojas de los árboles donde duermen. Así, la madre naturaleza los protege de los cazadores. Esos dos ayaymaman que ahorita están cantando en el bosque son los dos niños de nuestra historia ―concluyó su relato el viejo Oroma. Los niños habían enmudecido con la historia. Estaban sumergidos en el silencio cuando Nelly, a quien llamaban con cariño Negrita por el hermoso color caoba de su piel, se atrevió a romper la temerosa atmósfera de silencio, preguntando tímidamente: ―Don Oroma, ¿conoce más historias sobre los animales de la selva? Oroma paseó sus ojos pequeños, húmedos y vivaces sobre los niños. Luego, miró al exterior, a la noche del bosque, por encima de la baranda de la casa construida sobre pilotes de la dura madera de huacapú para escapar de las inundaciones en las grandes crecientes del río Amazonas. ―Mañana les contaré algunas historias sobre los habitantes de nuestra Amazonía, porque ya es la hora de la merienda y tienen que volver a sus casas ―dijo.

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