El ayaymaman busca a su madre en el bosque para ellos, un lugar desolado del bosque, les dijo con voz acaramelada, fingida: ―Voy un ratito a hacer mis necesidades. Espérenme aquí y no se muevan ―y, diciendo esto, se internó en el bosque y, utilizando otro camino, se alejó del lugar y regresó a la casa. Los niños, creyendo a la madrastra, se pusieron a jugar mientras esperaban que regresara; pero el tiempo pasaba, las horas corrían, se acercaba la noche y la mujer no regresaba. Cuando la noche llegó, Flor de Belem y Shanti comprendieron que habían sido abandonados. Muchos días vagaron por el bosque, hambrientos, heridos por las espinas y las zarzas, picados por las alimañas. En las noches, los niños trepaban como podían por el tallo de un árbol hasta llegar a la copa, huyendo de los tigres y las serpientes, y lloraban clamando por su madre: “Ayaymaman, huishchurhuarca”. Después de escuchar durante tantas noches este lamento, que significa: ‘Nuestra madre ha muerto y nos han abandonado’, la madre del bosque se compadeció de los dos niños y los convirtió en pájaros, en aves nocturnas,
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