23 Es más, la alentaba cuando decía: ―Hazlos trabajar duro, que coman con el sudor de su frente. Y, si haraganean, castígalos y auméntales las tareas. La madrastra odiaba tanto a los niños que no quería verlos un día más en su casa. Así que tramó un plan. Aprovechando que el padre había ido al pueblo a vender el producto de su cacería ―carne y pieles de cerdos salvajes, huanganas y sajinos―, les dijo con una falsa y aparente bondad y ternura: ―Hijitos, hoy día quiero que descansen de tanto trabajo. Vamos a ir al monte a buscar frutos de sachamangos que le gustan mucho a su papá. Con esta y otras tretas llevó a los niños lejos de la casa, monte adentro. Cuando tuvo a los niños en un lugar distante, completamente desconocido
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx