22 vivido por milenios en las orillas de los grandes ríos, sobre todo en el Ucayali, mirando los cielos y viviendo del río. Este es su fuente de vida, y el martín pescador les avisa tanto en el verano como en el invierno dónde están los bancos de peces o los mijanos, como se dice en la Amazonía. El martín pescador y los shipibo-conibo-shetebos son los mejores pescadores de la Amazonía. El canto del ayaymaman es uno de los más tristes que es posible escuchar en la Amazonía. Es más triste aún porque el ave canta en el crepúsculo, cuando el sol se ha puesto y el bosque y los hombres sucumben a la fatiga del día. Los ayaymaman cantan casi siempre en pareja. Antes, ellos fueron dos niños que vivían en un pueblo del Amazonas felices; pero, un día, la madre murió, mordida por una serpiente shushupe, mientras recogía agua en su cántaro en una quebrada de aguas claras y profundas. El padre, que era un mitayero o cazador, se casó por segunda vez con una mujer que había venido de la ciudad y nadie sabía quién era ni qué había hecho durante su vida. Tenía un carácter violento y amargo. Ni bien se hizo cargo de la casa, la madrastra empezó a mirar con cólera a los niños. Por quítame estas pajas, los castigaba, especialmente a la niña de nueve años sobre quien había descargado prácticamente todas las obligaciones de la cocina. Flor de Belem, que así se llamaba la niña, era despertada a las cuatro de la mañana para prender el fogón, lavar las ollas y los platos, traer el agua en un cántaro grande y pesado para su edad y tamaño y, luego, cocinar la yuca, el pescado y preparar la mazamorra de plátano, que tanto le gustaba al padre; mientras tanto, la mujer dormía a pierna suelta hasta las seis de la mañana. Por su lado, Santiago o Shanti, como le decían al niño, que era un año mayor que su hermanita, tenía también que madrugar a cortar la leña para el fogón, revisar las trampas para sachacuyes y quirquinchos que su padre colocaba al atardecer en el bosque a buena distancia de la casa. El padre miraba con indiferencia el maltrato que la mujer daba a los niños. El ayaymaman busca a su madre en el bosque
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