Narraciones de la Amazonía

El chullachaqui, dios ecológico del bosque fue el canto de la chicua, el pájaro de mal agüero. Luego, una serpiente loro machaco se cruzó en mi camino. La serpiente también es un mal anuncio. Súbitamente escuché voces a mi espalda. Giré rápidamente el rostro y, asombrado, vi que mi hermano Otoniel avanzaba hacia mí. ―¿Qué haces aquí? ¿Cuándo has retornado de Tapira? ―le pregunté. Él había viajado al pueblo de Tapira recién el día anterior y tenía previsto regresar el fin de semana. ―Llegué esta mañana y como me enteré de que has venido a la restinga, he venido a darte alcance ―contestó con naturalidad. ―Pero no has traído tu escopeta. ¿Con qué vas a balear? ―le dije, sorprendido de que estuviera en la restinga sin su arma. ―Te voy a ayudar a cargar lo que tú mates ―respondió prestamente. El bosque, que hacía solo unos instantes era un concierto de cantos de pájaros, de aullidos de monos, de la

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