Sara Beatriz Guardia 95 meses, como cualquier mujer, ella tambi n pari una doncella. Durante un a o la crio dándole sus pechos a la ni a. “¿Hija de qui n será?, se preguntaba. Y cuando la hija cumpli el a o justo y ya gateaba de cuatro pies, la madre hizo llamar a los huacas de todas partes. Quer an que reconocieran a su hija. Los huacas, al or la noticia, se vistieron con sus mejores trajes. “A m ha de quererme, a m ha de quererme”, diciendo, acudieron al llamado de Kawillaca140. “En el trayecto no pretendi subir al cuerpo de ninguno de los presentes; pero apenas lleg hasta el pobre, muy contenta y al instante, se abraz de sus piernas. Cuando la madre vio esto, se enfureci mucho. “¡Que asco! ¿Es que yo pude parir el hijo de un hombre tan miserable?” exclamando alz a su hija y corri en direcci n al mar. Viendo esto: “Ahora mismo me ha de amar”, dijo Cuniraya Viracocha y, visti ndose con su traje de oro, espant a todos los huacas; y como estaban as tan espantados, los empez a arrear, y dijo: “Hermana Kawillaca, mira a este lado y cont mplame; ahora estoy muy hermoso”. Y haciendo relampaguear su traje, se cuadr muy enhiesto. Pero ella ni siquiera volvi los ojos hacia el sitio en que estaba Kuniraya; sigui huyendo hacia el mar. “Por haber parido el hijo inmundo de un hombre despreciable, voy a desaparecer” dijo, y diciendo, se arroj al agua. Y all , hasta ahora, en ese profundo mar de Pachacamac se ven muy claro dos piedras en forma de gente que all viven. Apenas cayeron al agua, ambas (madre e hija) se convirtieron en piedra141. Dicen que Kuniraya Huiracocha fue muy antiguo. Antes que l existiera no haba nada en este mundo, dicen. Y fue l, creen, quien hizo las monta as, los árboles, los ros, los animales de todas las clases y las chacras para que el hombre pudiera vivir142. Otro mito que no pertenece al manuscrito mencionado, el mito de Inkarr , tiene un significado liberador del pueblo y el fin del yugo espa ol. Inkarr es engendrado por el Sol y una mujer salvaje: “La obra del Inca está en Aqnu. En la pampa de Quellqata está hirviendo, el vino, la chicha y el aguardiente. Inkarr arre a las piedras 140 Ib dem, p. 23. 141 Ib dem, p. 25. 142 Ib dem, p. 95.
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