Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 86 El sumo sacerdote llamado Willac Umu, acompa aba el Inca en todas las ceremonias en las que participaba, y daba a conocer las plegarias que compona. De stas ha perdurado a trav s de los cronistas Cobo y Juan Santa Cruz Pachacuti, la del Inca Pachacútec a Wiracocha: “¡Oh hacedor! que estás en los fines del mundo, sin igual, que diste ser y valor a los hombres y diciendo sea este hombre, y a las mujeres, esta sea mujer, los hiciste, formaste y diste ser; guarda, pues, y ampara estos que criaste y diste ser; para que vivan sanos y salvos, en paz y sin peligro. ¿A d nde estás?. ¿Habitas por ventura en lo alto del cielo y en lo bajo de la tierra o en las nubes y tempestades? Óyeme, resp ndeme, y concede mi petici n, dándonos perpetua vida y teni ndonos de tu mano, y recibe ahora esta ofrenda donde quiere que estuvieres. ¡Oh Hacedor!”. Tambi n los hechiceros fueron muy respetados, y se les llamaba Layccajuna o Umajuna. Vaticinaban el porvenir, conocan el pasado de las personas, y las protegan contra el da o. La hechicera fue practicada por hombres divididos en varias categoras: Waka Rimachicc, que haca hablar a las huacas y lugares sagrados; Aya Tupucc, semejante a un m dium que se poda comunicar con los muertos; Jachikucc, dedicado a trabajos menores; y Runa Rinkicc, especializado en filtros amorosos como el Huacanqui y el Manchucum, que se hacan con “cabellos de la persona deseada, de unos pajaritos de colores que tra an de los andes o de las plumas de dichos pajarillos, con algunos pases que practicaban los hechiceros”116. Le an la suerte en las hojas de coca. El Kallka Rikucc adivinaba en las entra as de aves y llamas; Wirapi Rikucc le a el porvenir en el fuego; Jachikucc, ve a el futuro con granos de ma z; mientras que los yacarcaes hab an hecho pacto con las fuerzas del mal. Los hechiceros tambi n estaban presentes en los nacimientos. “Cuando la mujer está de parto suelen llamar a los hechiceros para que haga sacrificio a la conopa que tiene como propia suya la mujer y se la ponga encima de los pechos y traiga sobre ellos para que tenga buen parto; en algunos partes en esta misma ocasi n invocan a la Luna 117. 116 Juan B. Lastres. Historia de la Medicina Peruana. Medicina Incaica. Lima, 1951. 117 Pablo Joseph de Arriaga. Ob. Cit., 1999, p. 63.
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