Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 60 Mientras que Fray Buenaventura de Salidas y C rdova ofrece otra versi n: Mama Wako concibi un hijo del demonio que crio Pilcosisa, una hechicera hermana suya. Un ni o que más tarde sera Manco Capac, el fundador del Imperio: “...entre todas la más hermosa mujer, y más sagaz, llamada Mama Wako, deshonest sima y lasciva con extremo hizose pre ar con ayuda del demonio y el hijo que pari sin ser sentida de nadie, se lo entreg a una hermana suya, eminente hechicera, tenida en gran veneraci n de toda aquella gente, llamada Pilcosisa; criose el muchacho en una cueva llamada Tambo Toco, hasta la edad de cuatro a os y publicando entre ambas que dentro de pocos das iba salir al mundo y aparecer en Paccaritambo, lugar junto al Cusco, un infante hermossimo, para que como Rey y absoluto se or fuese obedecido y venerado en toda la tierra, por ser hijo natural del Sol, que como Dios Supremo que adorasen lo hab a de enviar desde el cielo, para que gobernase y que este se llamar a Mango Capac Inga”29. La explicaci n del nacimiento de Manco Capac, hijo de “la más hermosa y más sagaz” de las mujeres, además, deshonesta y lasciva, como el demonio”, apunta a la interpretaci n hispana de relacionar el origen de los Incas con el enga o y las fuerzas del mal: “Despu s de algunos d as entraron a la cueva en una tenebrosa noche Mama Wako y Pilcosisa, hermosamente vestidas y adornadas, y engalanando al Infante con ojotas de oro, y algod n (que fue el primer calzado de los indios), orejeras de oro, manta encarnada y camiseta azul; y por corona una borla verde de algod n, que le llegaba a las sienes con otros dijes de oro y plata, lo subieron al más levantado cerro, y colocando sobre un risco, apareci por la ma ana iluminado por el arte del demonio con los rayos y resplandores del Sol, y de la luz, con admirable hermosura; y puestas a los lados de rodillas las dos encantadoras, que tan ganada ten an la opini n, y cr dito de sabias obligaron fácilmente a todo aquel infinito gent o a que lo creyese por hijo natural del sol, sin padre ni madre terrenos y lo adorasen por Rey”30. 29 Fray Buenaventura de Salinas y C rdova. Memorial de las Historias del Nuevo Mundo Piru. Lima, 1957, p. 14. 30 Ib dem, p. 15.

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