Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 55 sia y Convento de Santo Domingo. Otra zona ceremonial del Cusco fue la plaza principal llamada Aukay Pata, dividida por el r o Watanay en dos zonas, Watay Pata y Kusi Pata. Aukay significa combatir, guerrear, y pata, lugar sobresaliente. En ese sentido ser a lugar o plaza de luchas. Algunos cronistas escriben Wakay Pata, de la palabra waqay, llorar, o sea plaza del llanto. Tambi n hay quienes creen que deriva de la palabra waka, y entonces ser a plaza sagrada. Al nordeste de la plaza se ubicaba el palacio del Inca Pachacutec, y el palacio del Inca Wiracocha en el mismo lugar que hoy ocupa la Catedral. El Acllahuasi, centro donde las mujeres escogidas preparaban los alimentos del Inca, las ofrendas ceremoniales y finos tejidos, se encontraba al noreste de la actual Iglesia Compa a de Jesús. Otros palacios rodeaban la plaza, y ocuparon un extenso terreno para albergar la diferentes panacas. En la cultura andina la base de la estructura social fue el ayllu, que significa en quechua grupo de personas unidas por relaciones de parentesco real o figurado9, además de vnculos religiosos, sociales, polticos y econ micos, cuyos miembros tenan derechos y obligaciones recprocas. La organizaci n de estos grupos polticos, llamados etnias o se oros se basaba en los principios de la descendencia, con un linaje que se remonta “hasta unos antepasados mticos que salieron de un lugar sagrado”10. El ayllu, puede referirse a una familia extensa, a un grupo de descendencia mayor dentro de un se oro, a una comunidad o grupo poltico “ tnico” local, y como quer an los incas, a un imperio11. Silverblatt se ala que los estudios de Duviols, Murúa, Zuidema y Spalding, concuerdan que el sistema de parentesco incaico antes de la conquista era la descendencia paralela. “Las mujeres se conceban a s mismas como las descendientes, a trav s de sus madres, de una lnea de mujeres; en forma paralela, los hombres se ve an a s mismos como descendientes de sus padres en una l nea de varones”12. Por ello, hombres y mujeres tuvieron derecho a los recursos del ayllu; y las mujeres a trav s de sus madres acceso a la tierra, al agua, y a los reba os comunales. Este 9 C sar Guardia Mayorga. Diccionario Kechwa-Castellano. Castellano-Kechwa. Lima, 1997, p. 66. 10 Bauer – Dearborn. Ob. Cit., 2003, p. 18. 11 Irene Silverblatt. Luna, Sol y Brujas. Género y clases en los Andes prehispánicos y coloniales. Cusco, 1990, p. 160. 12 Irene Silverblatt. Ob. Cit., 990, p. 3.

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