Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 396 En 1820, otro te rico desarrollista, James Mill, plante en su artculo titulado “Del Gobierno” la necesidad de excluir a personas cuyos intereses estaban comprendidos en los de otras personas, como el de las mujeres que estaban incluidos en el de sus padres y maridos. Es decir, la concepci n de la poltica era vista como asunto público, ámbito de los hombres y directamente relacionada con el poder, el gobierno y las instituciones. Y, todo lo que concern a a las mujeres pertenec a al ámbito privado, separado de la sociedad y el estado. Por ello, el sufragio femenino solo pudo ser posible en el siglo XX y despu s de una importante lucha de las mujeres. Posteriormente, estas reivindicaciones figuraron en el libro de John Stuart Mill y Harriet Taylor Mill, La sujeción de la mujer (1869). Coincidente con este discurso, las feministas alemanas unieron la lucha por sus reivindicaciones a la poltica agrupándose en el Partido Social Dem crata Alemán y en el Partido Bolchevique. En su libro Mujer y filosofía en el pensamiento iberoamericano, Raúl Fornet-Betancourt destaca la influencia del pensamiento socialista y marxista, que “contribuy de manera notable a consolidar la vanguardia de un fuerte movimiento feminista, ya desde los albores del siglo XX”4. Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin y Alejandra Kollantay, son las figuras más notables de esta corriente. Rosa Luxemburgo particip en la fundaci n del partido socialdem crata de Polonia, milit en la Liga Espartaquista y dirigi la revista “La Internacional”. Fue asesinada el 15 de enero de 1919. Clara Zetkin dirigi en 1890 el peri dico “La Igualdad”5 durante 25 a os y logro que la prohibici n que las obreras alemanas se reunieran fuera revocada en 1906. Y, Alejandra Kollantay, fue Ministra Plenipotenciaria de la URSS, cuando en la Primera Constituci n de 1918 se proclam la igualdad de los derechos de la mujer y el hombre por primera vez en la historia de la humanidad Posteriormente, Thomas Humphrey Marshall defini el concepto de ciudadana como “una condici n conferida a aquellos que son miembros plenos de una comunidad” 6. Se trata de una democracia participativa que se inici como consigna de los movimientos estudiantiles y obreros en la d cada del sesenta como resultado del creciente descontento ante la desigualdad social y econ mica. Modelo que abarca más que la existencia de 4 Raúl Fornet-Betancourt. Mujer y filosofía en el pensamiento iberoamericano. Momentos de una relación difícil. Barcelona, 2009, p. 51. 5 El tiraje del peri dico aument de 4 mil ejemplares en 1902 a 125 mil en 1914. 6 Thomas Humphrey Marshall. Ciudadanía y clase social. Madrid, 2007.
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