Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 389 La revista “Hora del Hombre” dirigida por Jorge Falc n, conten a una secci n femenina orientada a difundir diferentes actividades de las mujeres, avances de su incorporaci n a la actividad econ mica, e informaci n de su participaci n en la reconstrucci n de ciudades destruidas por la guerra. Un art culo escrito por una estudiante de pedagog a, refleja el cambio de percepci n del discurso femenino a comienzos de los 50. Traza l neas que permiten vislumbrar el despegue del movimiento feminista en la d cada del 60 primero en Europa y Estados Unidos, y posteriormente en Am rica Latina: “Es indudable que vivimos en una poca en la que las mujeres escalan posiciones y ocupan un lugar privilegiado dentro de distintas actividades de la vida misma. El prejuicio que circunscriba única y exclusivamente a lo dom stico el campo de acci n femenina, se va desarraigando cada vez más. La lnea divisoria que existiera hasta hace muy poco tiempo entre lo que se daba en llamar actividades masculinas y femeninas, ha ido desapareciendo paulatinamente, conforme la práctica ha demostrado que la mujer puede desempe arse tan bien o mejor que el hombre en muchas de aquellas que antes le estaban completamente vedadas. (...) La educaci n moderna, si es que cabe hablar de pocas tratándose de educaci n, va cayendo poco a poco en un desprecio a las atenciones y delicadezas que se merecen quienes usan las faldas y saben hace sentir que realmente las llevan. Me refiero a la cortesa traducida ya sea en una frase amable, en ceder un asiento en el mnibus, en un gesto, en fin, en esa serie de peque as cositas que reunidas, no s lo nos hacen reparar a nosotras en que la caballerosidad todav a existe, sino que hace recordar a los caballeros, que por más que nuestras actividades puedan ir paralelas a las de ellos, biol gicamente, por lo menos, permanecemos tan diferentes como siempre. Enti ndase que no me refiero a las f rmulas y reverencias de anta o, sino a algo más profundo y más a tono con la poca en que vivimos. Para terminar, quisiera aclarar que si al hablar de la mujer moderna he omitido la palabra “glamour”, “tea-bridge” y “rouge”, ha sido porque he querido evitar en lo posible hablar de ese tipo de mujer que se empe a en pintarse los labios en forma de sand a, hablar continuamente del último modelo o de su actor favorito y cuyas únicas actividades se reducen a estar en público, a prepararse para estar en público, a recuperarse de

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