Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 384 porque la quisiera ver colgada en los alambres del tranv a”. A pesar de esto no le guardo rencor porque era natural en l, y por encima de estas cosas pienso que fue uno de los pocos presidentes que no ha metido las manos en las arcas públicas. Permanec durante un mes presa, la segunda, un poco más, en esta oportunidad intervino el Alcalde del Callao, Jos Valega, que era muy amigo de mi padre. Tambi n escribiste teatro En 1923 se estren en el Teatro Col n mi comedia costumbrista de principios de siglo, en la que por primera vez la clase media suba a escena. Se titul : “Por un marido”. Se present 25 noches seguidas. Despu s pas al Segura y al Municipal, tambi n la dieron en Chile. Según un cr tico de la poca Nataniel Yá ez Silva: “Tena todos los aciertos y los defectos propios de la obra de una mujer”. Despu s escrib tres comedias más. ¿En qu peri dicos trabajaste como periodista? He colaborado en casi todos los peri dicos. En “El Comercio” siempre fui silenciada, aunque all comenc a escribir nunca figur mi nombre. En “El Mundo” de Andr s Aramburú gan algún dinero, 10 soles, y en “La Noche” de Gast n Roger sin ganar dinero gan prestigio lo mismo que en “La Cr - nica” donde Clemente Parra me abri las puertas. All hice campa a por los presos comunes, esa es la única obra que reconozco como ma. Denunci esas cárceles de donde jamás ha salido un hombre regenerado y que muchas veces son escuelas de la delincuencia. Luch contra la Ley de la Vagancia y recib el espaldarazo de Jos Carlos Mariátegui, en un art culo magistral en el que examina y condena esa ley que pone al hombre fuera de la ley y que marcha al margen del C digo Penal. Todava sigue siendo una afrenta para la llamada “justicia”. Quizá sin mi vocaci n por la gente que sufre prisi n no hubiera podido ocupar el cargo de Secretaria General del Socorro Rojo Internacional, en defensa de todos los presos y perseguidos. Labor con tal ardor que en una ocasi n me encontr con 32 presos que haban salido de El Front n a los que hube de conseguir vivienda, alimentaci n y regreso a las tierras de donde les haban trado. Estuve en el Socorro Rojo durante tres a os y tuve a mi cargo todo el grupo “Vanguardia Roja” de la Universidad de San Marcos en el cual estaba el inolvidable Genaro Carnero Checa, que en la visita que me hizo en febrero de 1980, me puse en su libro Los peces infernales:
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