Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 380 con el ide logo que más haba influido en nuestra formaci n y cuyo contacto directo, ya en la madurez de su pr dica y de su acci n, hubiera sido decisiva. Si no hubiese mediado la brutal realidad de su enfermedad y de su muerte, es posible que otro hubiese sido el destino de varios j venes en 1930, muchos de nosotros anhelosos de integrarnos a la lucha que reci n empezaba en el Perú. Sensiblemente esto no fue posible, a m solo me ilumina el recuerdo de la bella frase final de la carta donde fijábamos el encuentro de los deportados con l en Santiago de Chile: “Yo s que usted estará all donde la llame el deber”. ¿Por qu renunciaste al Partido Aprista? Desde 1930 hasta 1948 fui miembro del Comit Ejecutivo Nacional del APRA. En 1946 presid la Primera Convenci n de Mujeres a la que concurrieron mujeres de todo el pas. Fue una reuni n que dur diez das y en la que se tomaron acuerdos muy importantes. ¨ Dos a os despu s cuando se realizaba el Segundo Congreso del Partido Aprista, luego de veinte a os de convenciones y reuniones. Renunci , entre otras razones, porque las conclusiones del Congreso sostenan este enunciado: “Las mujeres no son miembros activos del Partido Aprista porque no son ciudadanas en ejercicio”. Me levant y ped la palabra. Haya dio un golpe en la mesa y dijo: “No hay nada en cuesti n”. Insist con energ a que quera hablar y l volvi a repetir lo mismo. Ante eso, me levant con un grupo de mujeres y dije en voz alta: “¡Esto es fascismo!”. Despu s me eligieron Segunda Secretaria General del Partido, pero me quitaron la direcci n del Comando de Mujeres. No volv nunca más al Partido. Fueron veinte a os de intensa actividad poltica. Veinte a os que me ense aron mucho y de los cuales no me arrepiento.
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