Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 344 Refiri ndose al Perú, sostuvo que el feminismo no apareci como algo artificial ni arbitrario, sino como consecuencia, “de las nuevas formas del trabajo intelectual y manual de la mujer. Las mujeres de real filiaci n feminista son las mujeres que trabajan, las mujeres que estudian. Aparte de este feminismo espontáneo y orgánico, que recluta sus adherentes entre las diversas categoras del trabajo femenino, existe aqu, como en otras partes, un feminismo de diletantes un poco pedante y otro poco mundano”4.54. El feminismo como idea pura, es esencialmente revolucionario, y precisamente por ello, “las mujeres feministas y conservadoras carecen de intima coherencia”, y cita a Babeuf, el lder de la revoluci n francesa, en su famosa arenga: “no impongáis silencio a este sexo que no merece que se le desde e. Realzad más bien la más bella porci n de vosotros mismos. Si no contáis para nada a las mujeres en vuestra república, har is de ellas peque as amantes de la monarqu a. Su influencia será tal que ellas la restaurarán”. Rechaz “la poes a del hogar”, porque en realidad se trata de una defensa de la servidumbre de la mujer. “En vez de ennoblecer y dignificar el rol de la mujer, lo disminuye y lo rebaja. La mujer es algo más que una madre y que una hembra, as como el hombre es algo más que un macho”5.5Lo que plantea Mariátegui es que la cuesti n femenina es parte sustancial de la humanidad, y por ello los hombres sensibles a las emociones e ideas del siglo XX, no deben ni pueden sentirse extra os ni indiferentes. Se trata de la transformaci n de la sociedad en su conjunto, y de la transformaci n de las relaciones intersubjetivas. 6 En esa perspectiva, defendi los derechos econ micos de las mujeres. En Labor se publicaron artculos de sindicalistas hombres y mujeres, que denunciaron los despidos injustificados a las mujeres embarazadas, salarios más bajos para las obreras a cambio de más horas de trabajo. En su art culo, “La mujer y la lucha entre el capital y el trabajo”, Mary González proclam la necesidad de uni n del proletariado femenino con el masculino para formar un solo frente, puesto que en “la fábrica, en el taller y en la oficina, se tiende a sustituir al hombre por la mujer, con la convicci n de que con un salario bajo puede adquirirse un rendimiento igual”6.76 4 Mariátegui. Temas de Educación. “Las reivindicaciones feministas”. Ob. Cit., pp. 129-130. “Mundial”. Lima, 19 de diciembre de 1924. 5 Ib dem, p. 132. 6 Labor No. 8, 1929.
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