Sara Beatriz Guardia 335 conoce, en cambio l s lo tiene esa firma “Ruth”. Le insinúa que lo llame por tel fono, y le da su horario de permanencia en el peri dico. Pero los prejuicios de la sociedad lime a de comienzos del siglo XX, impidieron el encuentro. La comunicaci n entre Mariátegui y “Ruth”, qued suscrita s lo a la relaci n epistolar. A pesar de esto, el tono afectivo de las cartas sube. En abril, Ruth, ya es “dulce amiga”, “amiga adorable”, “amiga y confidente ma”. Establecida su identidad, Ruth es Berta Molina y ambos fijan el lugar y la hora en que ella hará su aparici n. Es un encuentro lejano, fugaz: “Hoy te he visto en el Palais Concert. Tu sonrisa y tu mirada están aún ante mis ojos, como tu carta ¿Me acompa arán mucho?” (...) Adi s Ruth. Al quitar de la máquina la cuartilla la besar con unci n. Devotamente”41. Las cartas se van espaciando, en agosto escribe tres veces, en setiembre s lo lo hace una vez. En octubre, tambi n una. “Yo no s explicarte por qu he dejado de escribirte”, le dice. En noviembre, le dice que no la olvida, pero escribe solo algunas lneas. La comunicaci n epistolar se interrumpe desde noviembre de 1916 hasta el l8 de octubre de 1919. Ese da, a bordo del “Atenas”, en el momento que parte del Perú, se dirige a ella como a una de las personas que fueron buenas y dulces con l, y recuerda sobre todo, “nuestra original y simpática intimidad de un tiempo”42. Es la primera carta que firma: Jos Carlos, atrás ha quedado Juan Croniqueur, antes incluso de que Mariátegui partiese al encuentro definitivo con su destino. Desde Italia, en 1920, le escribe cuatro cartas. En una de ellas le explica su nuevo estado de ánimo: “Hasta ahora mi sensaci n más plácida es esta: la sensaci n de mi libertad. En New York, en Pars, en Roma, se siente uno libre, totalmente libre, ilimitadamente libre. No hay quien esp e, no hay quien vigile, no hay quien controle, no hay quien envidie, no hay quien aceche. Y el desconocido es más libre que todos. La ciudad lo acoge sin prevenci n, sin prejuicio, sin reticencia. ¡Es muy interesante, Ruth, ser un desconocido!43. 41 Ib dem, Carta a Ruth, 7 de mayo de 1916, p. 60. 42 Ib dem. Carta a Ruth, 18 de octubre de 1919, p. 68. 43 Ib dem. Carta a Ruth, 6 de marzo de 1920, p. 69.
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