Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 332 búsqueda del amor y la pasi n que la monotona del hogar no le permitan, fueron el origen que los condujo al suicidio a ella y a su esposo29. Mientras que las cr nicas sobre las danzas de Antonia Merc , Amparo Ferr, Felyne Verbist, Resurrecci n Quijano, y T rtola Valencia, están marcadas de sensualidad y admiraci n. Describe sus movimientos lánguidos y voluptuosos, que “trazan rúbricas de fantásticas gasas, seda, brazos, cabellos, sonrisas; deliquio mágico en que sollozan castas impudicias”30. Y declara que lo subyuga Amparo Ferrer con su gracia “su donaire y su pcara coquetera”31. No es un espectador reservado e indiferente, cuando un amigo le expresa su desacuerdo con la pretendida gracia de la bailarina Resurrecci n Quijano. “Yo, dice Mariátegui, que soy tan apacible y a veces tan silencioso me he indignado y he discutido con mi amigo. No le falta gracia a Resurrecci n Quijano. Ocurre s lo que esta palabra gracia está prostituida. Se confunde la gracia con el gracejo, la picard a o la “lisura” que decimos los lime os”32. La labor periodstica de Mariátegui, nos permite tambi n conocer la vida cultural de entonces. En la secci n “Por los teatros” del diario “El Tiempo” aparecen varias rese as de las obras que present la compa a de Mara Guerrero y Fernando Daz de Mendoza durante su temporada en el Teatro Municipal: “En Flandes se ha puesto el sol”, “Do a Mara, la Brava”, “Malvaloca”, “La propia estimaci n”. “El destino manda”, “El collar de estrellas”, “Locura de amor” y “Mariana”. En todas, Mariátegui expresa su admiraci n por la actriz espa ola33. Tambi n describe con elocuencia el arte de la pianista Luisa Morales Macedo Para completar la visi n que Mariátegui tiene de la mujer en sus escritos iniciales, es necesario mencionar los diecisiete cuentos hpicos publicados en “El Turf”, entre 1914 y 1917. Son narraciones de prosa sencilla, algunos similares entre s, donde por lo general los personajes femeninos están constituidos por mujeres coquetas, frvolas y cnicas. En cambio, los personajes femeninos de sus obras teatrales son más definidos y firmes. En 29 Mariátegui. “El ocaso de una gloria”. Escritos Juveniles. Tomo II, p. 153. 30 Mariátegui. “Viendo a Antonia Merc ”. Escritos Juveniles. Tomo III, p. 202. 31 Mariátegui. “En el Municipal”. Escritos Juveniles. Tomo III, p. 209. 32 Mariátegui. “Glosario de las cosas cotidianas”. Escritos Juveniles. Tomo III, p. 54. 33 Mariátegui. “Por los Teatros”. Escritos Juveniles. Tomo III, p. 228.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx