Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 308 “Cuando nosotros (despreciables e ignorantes mujeres) tomamos la iniciativa de publicar “La Voz de la Mujer”, ya lo sospechábamos ¡oh modernos cangrejos! Que vosotros recibir ais con vuestra mecan stica y acostumbrada filosofa nuestra iniciativa porque hab is de saber que nosotras las torpes mujeres tambi n tenemos iniciativa y sta es producto del pensamiento: ¿sab is? Tambi n pensamos”1. En el Perú, la huelga de los sindicatos textiles de Vitarte entre 1914 -1915, tuvo una importante participaci n de las mujeres en tareas de abastecimiento y sostenimiento de la huelga. El auge de las inversiones en los sectores agroexportadores y mineros en grandes haciendas que cultivaban ca a y algod n agudiz las contradicciones, y en setiembre de 1916 estall la huelga general de jornaleros del valle de Huara y Sayán. Despu s de varios das de negociaci n los obreros llegaron a un acuerdo con los hacendados: 50% de aumento salarial y la jornada de ocho horas. Pero fueron enga ados, poco despu s se enteraron que ningún hacendado hab a firmado el convenio. El 14 de junio de 1917, los jornaleros iniciaron otra huelga que se prolong durante dieciocho das en los cuales paralizaron la ciudad, y se implant el estado de sitio y la ley marcial. Inicialmente las mujeres apoyaron la huelga sin intervenir directamente; “eran vendedoras de mercado, al mismo tiempo que amas de casa, agricultoras, pastoras”2. Pero cuando los soldados de caballera salieron a las calles con la intenci n de sofocar la huelga, las mujeres suspendieron la venta en el mercado en se al de protesta, y el 16 de junio se produjo un enfrentamiento entre soldados y trabajadores, en el que murieron Irene Salvador y Manuela Chaflajo, mártires de la jornada de las ocho horas. Esta acci n de las mujeres de Huara y Sayán constituye la primera manifestaci n femenina en la lucha sindical3. Fue una acci n significativa, pero aislada. El proceso de industrializaci n tuvo en el proletariado femenino mano de obra barata, y escasa conciencia sindical. Además, la Ley 2851 de protecci n a la mujer, aprobada en 1918, prácticamente no fue cumplida y los legisladores no le otorgaron las garant as que las nuevas corrientes sociales consideraban indispensables4. Sin ninguna 1 La Voz de la Mujer. Buenos Aires, 2002, pp. 12, 17, y 21. 2 Carolina Carlessi. Mujeres en el origen del movimiento sindical. Crónica de una lucha. Huacho, 1916-1917. Lima, 1984, p. 124. 3 Ib dem, p. 124. 4 Mary González. “La mujer y la lucha entre el capital y el trabajo”. Labor, 1 de mayo de 1929, p. 8.

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