Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 297 en la Guerra del Pacfico a la “incapacidad de los polticos, la ineficiencia y la cobarda de la mayora de los jefes militares, la falta de orientaci n por parte del soldado raso”39, resultado de la esclavitud de los explotados. Recalca que la mujer no s lo da vida, tambi n nos educa. “La fuerza motriz, el gran propulsor de las sociedades, no funciona bulliciosamente en la plaza ni en el club revolucionario: trabaja silenciosamente en el hogar”40. Dos mujeres sintetizan el ideal de inteligencia y emancipaci n femenina para González Prada: la poetisa Louise Victoire Choquet (1813-1890) más conocida como madame Ackermann en raz n de su matrimonio, y la anarquista Louise Michel (1830-1905), que luch en la Comuna de Par s. En el ensayo que le dedica a Madame Ackermann, destaca su fortaleza y ternura: “Fuerte de ánimo por haber avanzado más allá del punto donde retroceden muchos hombres, tierna con la ternura de los corazones escogidos por haber consagrado lo mejor de su vida al culto de un recuerdo (el de su difunto marido), Madame Ackermann armoniza en su persona los elementos más discordantes, formando un mixto de facultades masculinas y sentimientos femeninos”41. El talento de Madame Ackermann le suscita a González Prada una reflexi n sobre la soledad de los hombres cuando no tienen la posibilidad de contar con una mujer inteligente y culta con quien intercambiar ideas: “Regularmente, el hombre dado al cultivo de las letras, artes o ciencias vive en la soledad del espritu, entabla un mon logo sombro y está sin aliado ni amigo en los combates del alma, que son, a fe, los más recios y sangrientos, aunque los menos visibles y ruidosos. La mujer, espectadora de este drama en que deba de ser actriz y actriz principal, pues le tocaba el papel de confidente y redentor, nada o muy poco trasluce de lo que ante sus ojos pasa”. Mientras que en el artculo dedicado a Louise Michel, es la valenta y la convicci n revolucionaria lo que suscita su admiraci n: “Si los hombres valen por lo que de s mismos conceden a los demás, muy pocos de nues39 Walter Bruno Berg. “Manuel González Prada y el otro fin de siglo”. Manuel González Prada: escritor de dos mundos. Lima, 2006, p. 207. 40 González Prada. “Las esclavas de la iglesia” (1904). Ob. Cit., p. 241. 41 González Prada. “Madame Ackermann”, Nuevas páginas libres. Santiago de Chile, 1937, pp. 137-138.

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