Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 285 resoluci n de la joven de ingresar al convento, el padre termin por aceptar al novio. Entonces el to del joven solicit que no le entregue ningún dinero y solo se le permiti regalarle la camisa de novia. En “Un drama ntimo”, Palma describe la defensa del honor del padre y de una joven humillados por un libertino, que prometiendo matrimonio visit a la joven que sucumbi a su encanto, “antes de que el cura de la parroquia la hubiese autorizado para arriar pabell n”37. Poco despu s el novio dej de visitar a Laurentina porque se haba enamorado de otra mujer. Su padre, que no sospechaba hasta donde hab a llegado la relaci n, la consolaba se alando que era mejor olvidar a quien no merec a el amor. Poco despu s le escribi al joven pidi ndole explicaciones sobre su conducta, y ste le respondi : “Esposa adúltera ser a la que ha sido hija liviana. ¡Horror!”. Profundamente conmovido el marqu s llam a su hija. La desdichada joven cay de rodillas pidiendo perd n. “El Márquez, llorando estrech a su hija en sus brazos musitando, -¡Pobre ángel m o!...” Un mes despu s, en la misa de doce en Santo Domingo concurrida por lo más selecto de la sociedad lime a, Baldomero estaba parado frente a la puerta lateral de la iglesia cuando se le acerc el marqu s de Santa Rosa, y le dijo despacio que se armase porque no quera matarlo sin defensa. Baldomero se rio y le repuso que no sol a armarse contra viejos. El marqu s volvi a pedirle que saque su arma, y el joven volvi a re r. Entonces el “marqu s amartill un pistolete, hizo fuego, y Baldomero Roldán cay con el cráneo destrozado”. Poco despu s, la Real Audiencia absolvi al marqu s de Santa Rosa. En “No se pega a la mujer”, Palma relata que haba un zapatero que por cualquier motivo le pegaba a su esposa hasta que un compadre suyo le llam la atenci n reclamándole que era indigno pegarle a una d bil mujer. Alentada por la defensa, la esposa le pidi que no la volviera a maltratar. Entonces el capitán catalán continu la reprimenda: “A la mujer, compadre, nunca se le pega..., nunca..., ¿lo entiende usted? Nunca... más que una sola vez, y eso hasta dejarla en el sitio patitiesa para que no llegue a contar el caso a las vecinas y ande en lenguas el nombre del marido. O se pega en regla o no se pega”38. 37 Biblioteca Virtual Universal Las tradiciones de Ricardo Palma http://www.cervantesvirtual.com/ 38 Ob. Cit. Ricardo Palma. Cien tradiciones peruanas. Caracas, 1977, p. 319.

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