Sara Beatriz Guardia 283 El viernes 20 de diciembre de 1833, da de la elecci n de presidente provisorio de la Convenci n, cuando los diputados estaban reunidos se asom do a Francisca por el balc n del palacio cuando pasaban varios pregoneros. Uno de ellos se paro frente al balc n, y mirando a la presidenta le dirigi una copla: “Seis veces seis treinta y seis. La cuenta queda ajustada. Gran puerca, ya lo sab is” Do a Francisca se retir indignada del balc n y llam a su mayordomo. “¡Seis por seis son treinta y seis! Pues que le den tres docenas”. Y los criados llevaron al pregonero al patio de palacio y le aplicaron treinta y seis azotes. Poco despu s supo que Orbegoso acababa de ser proclamado presidente por cuarenta y siete votos. Bermúdez s lo obtuvo treinta y seis votos. En “La carta de “La Libertadora”, Ricardo Palma relata que el presidente de Venezuela, general Guzmán Blanco dispuso en 1880 que la imprenta del Estado publique en Caracas una compilaci n de las cartas a Bolvar que posea el general Florencio O›Leary. Entre las cuales figura una de Manuela Sáenz a su esposo, que hasta la fecha se desconoc a: “Usted es bueno, excelente, inimitable; jamás dir otra cosa sino lo que es usted. Pero, mi amigo, dejar á usted por el general Bolvar, es algo: dejar a otro marido, sin las cualidades de usted, ser a nada. “¿Y usted cree que yo, despu s de ser la predilecta de Bolvar, y con la seguridad de poseer su coraz n, prefiriera ser la mujer de otro, ni del Padre, ni del Hijo, ni del Esp ritu Santo, o sea de la Sant sima Trinidad? ”Yo s muy bien que nada puede unirme á Bolvar bajo los auspicios de lo que usted llama honor. ¿Me cree usted menos honrada, por ser l mi amante y no mi marido? ¡Ah! yo no vivo de las preocupaciones sociales”. “(…) El amor les acomoda sin entusiasmo, la conversaci n sin gracia, la chanza sin risa, el saludar con reverencia, el caminar despacio, el sentarse con cuidado. Todas estas son formalidades divinas; pero a mi, miserable mortal, que me r o de m misma, de usted y de todas las seriedades inglesas, no me cuadra vivir sobre la tierra condenada a Inglaterra perpetua. “Formalmente, sin rerme, y con toda la seriedad de una inglesa, digo que no me juntar jamás con usted. No, no y no. “Su invariable amiga, Manuela.32 32 Ob. Cit. Ricardo Palma. Cien tradiciones peruanas. Caracas, 1977, p. 378.
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