Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 261 los sectores más conservadores de la sociedad decimon nica peruana, agrega “...nos sentimos d biles e impotentes para acometer una empresa que sabemos, que por su magnitud, es de aquellas que necesitan la acci n lenta del tiempo, y sobre todo de ese fruto amargo que s lo se cosecha despu s de muchos trastornos y vicisitudes en la vida social, que se llama: experiencia”42. No comprende el anhelo de algunos padres de convertir a sus hijas en adorno superfluo de la sociedad a trav s de una educaci n que las convierte en objeto. “¡Triste destino el que le deparan a la mujer nuestras sociedades! – exclama - ¡Convertirla en un instrumento, en un objeto indispensable para la diversi n, y la alegr a de los demás! ¡Educaci n bárbara! Con la que se ha creado el carácter frvolo y ligero que caracteriza a la mujer, y le pervierte el gusto para todo estudio serio, alejándola cada d a más y más del noble fin para el que fue creada”43. En el tercer y cuarto artculo insiste en definir el siglo XIX como el gran siglo, enriquecido por el progreso, las ciencias y el arte, siglo privilegiado y momento apropiado para la educaci n femenina. “La instrucci n de la mujer es el enemigo más poderoso contra el escepticismo de unos y el fanatismo de otros”44. En otros tiempos, agrega, la “mujer no era la compa era del hombre, sino la esclava envilecida, oprimida hasta en sus más nobles y generosos sentimientos. El hombre para unirse a ella la compraba como una vil mercanca (…) no poda heredar ni testar, ni poseer bienes de ninguna clase. Lágrimas de indignaci n, cuánta humillaci n, cuánta desesperaci n…”45. Lo que estaba en juego eran dos modelos diferentes, la pr dica de la mujer madre, el ángel del hogar bajo el amparo y dominio del marido, y la mujer capaz de tener acceso a una educaci n superior. Estaba sola en este intento porque incluso escritoras que compart an con ella la importancia de la participaci n femenina en la literatura, no estuvieron de acuerdo con una educaci n integral. Carolina Freyre de Jaimes se ala que la mujer era, “d bil por naturaleza, dulce por carácter, suave y tierna por educaci n, por costumbre, 42 Mercedes Cabello de Carbonera. “Influencia de la mujer en la civilizaci n”. “El lbum”, No. 14, 1874, pp. 105 -106. 43 Ib dem, pp. 105 -106. 44 Ismael Pinto. Sin perdón y sin olvido. Mercedes Cabello de Carbonera y su mundo. Lima, 2003, p. 168. 45 Ib dem, p. 173.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx