Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 236 “Estas se oras hablan mucho, pero durante el trabajo, en el jardn, en la cocina, etc. Por desgracia en estas conversaciones, las crticas, la maledicencia, y hasta la calumnia, reinan en sus charlas. Es difcil formarse una justa idea de los peque os celos, de las bajas envidias que alimentan unas contra otras y las crueldades que no cesan de hacerse”17.19 Francisca Zubiaga y Flora Tristán se encuentran en el Callao Flora Tristán y Francisca Zubiaga se encontraron en el barco “William Rousthon”, en julio de 1834. Flora Tristán vena de Arequipa desilusionada por no haber obtenido la herencia paterna largo tiempo esperada, y Francisca Zubiaga estaba incomunicada en ese barco que la llevaba a Chile exilada. “Dos mujeres j venes, impetuosas, ambiciosas y de adverso destino, se encontraron por dos veces en la rada del Callao y se contaron su opulencia y su miseria; más sus miserias y tristezas, para as derivar sus angustias” escribe Juan Lastres.1820 Antes del encuentro, Bernardo Escudero le advierte que va a conocer a la mujer arrojada de todas partes, pero que cuenta con su protecci n para salvarla de las venganzas del pueblo; tambi n de sus frecuentes ataques de epilepsia19. Entonces la condujo al extremo de la toldilla donde Francisca Zubiaga la esperaba sentada. “Prisionera, do a Pancha – escribe Flora - era todava Presidenta. La espontaneidad de su gesto manifestaba la conciencia que ten a de su superioridad. Nadie permaneci en la cubierta aunque corrido el toldo era el único sitio en donde se estaba protegido de un sol abrasador. Todo el mundo qued abajo en el puente.21 “Me examinaba con gran atenci n y yo la miraba con no menos inter s. Todo en ella anunciaba a una mujer excepcional, tan extraordinaria por el poder de su voluntad como por el gran alcance de su inteligencia. Poda tener 34 o 36 a os, era de talla mediana y de constituci n robusta, aunque muy delgada. Su rostro, según las reglas con que se pretende medir la belleza, no era ciertamente hermoso. Pero a juzgar por el efecto que produc a sobre todo el mundo sobrepasaba a la más bella. Como Napole n, todo el imperio de su hermosura estaba en su 17 Tristán. Peregrinaciones de una paria. Ob. Cit., p. 376. 18 Juan B. Lastres. “Flora Tristán y sus entrevistas con la Mariscala”. Ob. Cit., p. 17. 19 Ib dem, p. 17.
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