Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 228 El 4 de enero de 1834, el mariscal Agust n Gamarra y el general Pedro Pablo Bermúdez al frente de la guarnici n de Lima dieron un golpe militar. La Convenci n Nacional fue disuelta y Bermúdez proclamado Jefe Supremo de la República Peruana. El presidente Jos Luis de Orbegoso y Moncada, se refugi con algunos jefes militares leales en la fortaleza del Real Felipe del Callao. El Perú se dividi en tres escenarios y estall la revuelta popular. El General Domingo Nieto lanz una proclama desde Arequipa llamando a los pueblos a levantarse contra los golpistas. Ante lo cual, Gamarra, Bermúdez y La Mariscala, tuvieron que abandonar Lima el 28 de enero. Al d a siguiente el general Jos Luis de Orbegoso y Moncada volvi del Callao, mientras que Bermúdez al mando del ej rcito permaneci en Tarma. Agust n Gamarra y Francisca Zubiaga partieron a Arequipa, poco despu s Gamarra continu viaje a Tacna en persecuci n de Nieto, pero Francisca se qued en Arequipa alojada en casa del se or Gamio, y acompa ada por el coronel Bernardo Escudero, su leal secretario. La situaci n se agrav cuando estall la sublevaci n popular que desarm y dispers al batall n Pultumchara, una importante fuerza militar de Gamarra. Ante lo cual, tuvo que dirigirse a La Paz con Bermúdez. Clorinda Matto de Turner, en una biografa sobre La Mariscala que public en su libro Bocetos al lápiz de americanos célebres, se ala que el matrimonio de Francisca Zubiaga y Agust n Gamarra se rompi antes del viaje del Presidente a La Paz. Pero fue su hijo, el coronel Andr s Gamarra, quien en una extensa carta publicada en “El Correo del Perú”, el 12 de marzo de 1876, destaca que la separaci n de sus padres se debi a circunstancias pol ticas y no a un rompimiento: “La narraci n hist rica que acabo de hacer de los sucesos, no puede dejar duda de que la separaci n de los esposos fue debida a las circunstancias pol ticas independientes de la voluntad de ambos y no a causas que supone la se ora Turner. Nadie como yo, que no me separ de mi madre pol tica sino en per odos cortos, ha podido estar al corriente de todos los pormenores de su vida, tanto privada como pública. Habiendo sido por una parte testigo de sus virtudes y por otra, habiendo recibido de ella las tiernas caricias de una madre”4.5 4 Juan B. Lastres. “Flora Tristán y su entrevista con La Mariscala”. Revista “Hora del Hombre”. Lima, 1944.
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