Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 193 El 21 de abril de 1781 se inici el juicio contra Micaela Bastidas. El primero en declarar fue Francisco Molina, quien según carta de Eusebio Balza, Sargento Mayor de las Milicias de Tucumán al Supremo Consejo de Indias, fechada el 8 de setiembre de 1781, era “uno de los más famosos capitanes que tuvo Túpac Amaru, tan ensangrentado contra los europeos, que el estrago lamentable de Sangarara se atribuye principalmente a l”87. Las recomendaciones y marcos de plata de su hermana la Marquesa de Corpa, le valieron a Molina ser indultado y deportado a Chile de donde era oriundo. En su declaraci n, afirm que Micaela Bastidas “daba rdenes por escrito y de palabra a varias personas con más rigor que el Rebelde (…) y convocaba a los indios de los demás pueblos, dándoles bast n a los que ve a adictos a su voluntad, y dici ndoles que los Corregidores y sus allegados eran ladrones públicosa”88. Francisco Cisneros, que hab a estaba al servicio del Corregidor de Tinta Antonio de Arriaga, sostuvo que en los cinco meses que estuvo preso en los pueblos de Tungasuca y Tinta, “observ que Micaela Bastidas daba rdenes por escrito y de palabra a las provincias rebeldes, para que aportasen gente, para posesionarse de estos dominios, con más vigor que su propio marido, imponi ndoles pena de muerte sino concurran a ello”89. Otro testigo, Manuel de San Roque, afirm que Micaela Bastidas “daba rdenes de palabras a los indios concurrentes, todas aderezadas a la conspiraci n que el Rebelde haba maquinado, excitando a los indios a que se pusieran en arma, fomentándolos con plata, coca y otras especies comestibles”90. Y, Manuel Galleguillos, uno de los secretarios más activos que sirvi a Micaela Bastidas, intent soslayar su responsabilidad declarando que permaneci obligado con los rebeldes, y que reconoca en Micaela “más rebeld a que en su marido; más arrogancia y más soberbia, de modo que se hizo más temible que su marido”91. Mientras que Túpac Amaru concit la simpata y respeto incluso de sus adversarios, Micaela Bastidas fue calificada de cruel y odiada por los espa oles. Si ya era difcil aceptar una insurrecci n indgena contra el 87 La Rebelión de Túpac Amaru. Ob. Cit., Tomo II, Volumen 2°, pp. 708-709. 88 Ib dem, p. 709. 89 Ib dem, p. 710. 90 Ib dem, pp. 710-711. 91 Ib dem, pp. 711-712.

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