Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 163 En sus informes al obispo Mollinedo en 1689, los párrocos confirman este clima de violencia y explotaci n. Entonces las parroquias además de proporcionar servicios religiosos, les corresponda la administraci n de las rentas eclesiásticas y el manejo de las tierras patrimoniales8 . Antonio de Molina Ladr n de Guevara, párroco de Hatuncolla, se ala que su pueblo antes tena 18 tambos reales para alojamiento de pasajeros, pero que en 1689 solo mostraba ruina y desolaci n debido a los maltratos que sufran los mitayos, que llegaban, “al doloroso extremo de empe ar y vender a sus mujeres e hijos en las panader as y chicher as de Potos , por tratar de pagar sus deudas ficticias que jamás lograban liquidar, (…), el último remedio a que apelan es salir huyendo de la Villa de Potos dejando en ella sus mujeres y sus hijos por no tener con que poderlos rescatar […] dejándolos como esclavos y esclavas”9. El párroco de Santo Tomás, denunci que la mita estaba aniquilando los pueblos y que los indios terminaban huyendo con hijos y mujeres, “agregándose la iniquidad de los repartos que hac a el corregidor en su afán de rápido enriquecimiento”10. El párroco de Capacmarca, don Alonso Oc n lvarez, agrega que en Huancavelica y Caylloma, antes pobladas con mil indios, “no quedaban más de 80, y como las tierras de los ausentes estaban prácticamente abandonadas por sus primitivos poseedores, el visitador don Diego Cama o las vendi en nombre del rey…”11. Tambi n el párroco de Velille, don Francisco Romero, apunta que de cuatro ayllos que componan su doctrina, “están totalmente extinguidos por la mita de Guancavelica que es la que destruye totalmente a los pueblos que contribuyen a ella”12. Tal es la ambici n de los corregidores, agrega, que “hacen tejer sin descanso a las mujeres, retribuy ndolas con m seras propinas o con nada…”13. Tambi n el párroco de Pampamarca de Aymaraes se refiere al abuso contra las mujeres obligadas a “tejer todo el a o mucha ropa para enviarla a Potos pagando su trabajo en tabaco, cintas y otros g neros de que no 8 Pablo Macera. Prefacio. Horacio Villanueva Urteaga. Cuzco 1689. Documentos. Economía y sociedad en el sur andino. Cusco, 1982, p. 2. 9 Ib dem, p. 6 y p. 62. 10 Ib dem, p. 10. 11 Ib dem, p. 10. 12 Ib dem, p. 10. 13 Ib dem, p. 16.

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