Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 162 de pago del tributo que anualmente deb an entregar las reducciones ind genas a las Casas Reales”3. A trav s de la Encomienda, se oblig a los ind genas en su calidad de “vasallos del rey” a pagar tributo a la Corona de Castilla. Mientras que el reparto consist a en una venta anual obligada de mercanc as a los ind genas, a cambio mano de obra barata para las minas y obras, puesto que al no poder pagar las mercanc as que les “repart an”, los indios se ve an forzados a vender su fuerza de trabajo. La explotaci n lleg al grado que la Corona se vio obligada a reglamentar una serie de medidas para detener la acci n de los Corregidores, crueles ejecutores de un implacable sistema de sujeci n. Un documento titulado “Presentaci n de la ciudad del Cusco en el a o de 1768, sobre excesos de corregidores y curas”4, se ala que el abuso cometido contra los indios era de tal envergadura que el informante hispano no vacila en decirle al Rey que “será preciso apartar la cordura para referirle con claridad que haga ver con cuánta inhumana impiedad proceden unos hombres cristianos que, olvidados de su carácter y de toda su raz n poltica, no tendrán semejantes en las menos incultas naciones”5. La muerte de centenares de miles de indios en el cumplimiento de una múltiple y dura carga para con el colonizador, el Estado y la Iglesia diezm la poblaci n al grado que el cronista espa ol Cieza de Le n advierte que: “todos los más de estos valles están casi desiertos habiendo sido en lo pasado tan poblados como muchos saben”6. Fray Buenaventura de Salinas y C rdova, denunci una pol tica de intensa explotaci n que produjo la muerte de miles de indios en el cumplimiento de “una múltiple y dura carga para con el colonizador, el Estado y la Iglesia”7. En Memorias de las Historias del Nuevo Mundo, describe las condiciones infrahumanas en las que viv an los mitayos al relatar el caso de un indio cuya mujer presa de la desesperaci n se hab a suicidado despu s de ahorcar a sus hijos ante la amenaza de que los llevaran a las minas. Este no es un hecho aislado, agrega Buenaventura Salinas, porque “lo mismo hacen las madres, que en pariendo varones los ahogan” para evitarles el destino de la mita. 3 Jos Bonilla. La revolución de Tupac Amaru. Lima, 1971, p. 65. 4 La Rebeli n de Túpac Amaru. La Rebeli n. Lima: Colecci n Documental de la Independencia del Perú. Tomo. II, Volumen 1°, 1971, p. 147. 5 Ib dem, p. 4. 6 Jos Bonilla. La revolución de Tupac Amaru. Lima, 1971, p. 46. 7 Salinas y C rdova. Memorial de las Historias del Nuevo Mundo. Lima: Volumen I, 1957.

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