Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 158 incluso pu aladas. Tan generalizada era la violencia contra las mujeres, que incluso aparece justificada o aceptada cuando se menciona como causas el alcoholismo de los hombres, los celos por una conducta “indecorosa” de la mujer, la “indisciplina” de las mujeres, la falta de sumisi n, y en otros casos el adulterio con pruebas y muchas veces sin ellas. Las mujeres podan plantear juicios por divorcio o anulaci n del matrimonio ante los juzgados eclesiásticos, pero esto significaba que “entraba en la esfera pública y cuestionaba la autoridad moral y legal de su esposo ante el juzgado. Sin embargo, aunque sus testimonios no tenan la misma fuerza que los de los hombres, las mujeres hicieron uso de muchos recursos para compensar esta falta de credibilidad”33. El mayor ndice de mortalidad materna fue ocasionado por prácticas abortivas, no obstante que el aborto estaba prohibido por disposici n del Papa Sixto V y del Papa Gregorio XIV, quienes lo condenaron con la ex comuni n. Según el Concilio de Iliberi se negaba a la madre y a sus “c mplices” la absoluci n en art culo de muerte. Pero el abandono de los reci n nacidos fue un acto “comprensible”, al grado que los tratadistas de la poca lo llegaron a considerar como un derecho en determinadas circunstancias. Jos M ndez Lachica, abogado de la Audiencia de Lima, sostuvo en 1802, que “los casados, personas de honor o de extra o fuero podan legtimamente abandonar a sus hijos si los amenazaba la infamia o la pena máxima de muerte: tambi n eran disculpados aquellos que por pobreza no tuvieran para sus alimentos”34. Entre 1798 y 1801, el Asilo de Hu rfanos de Lima alberg a más de dos mil ni os, un porcentaje elevado en relaci n a la poblaci n de entonces. Las causas de abandono no s lo se deban a la pobreza o desamparo paterno, tambi n a la vergüenza de tener un hijo “sin padre”. Otro factor posible pudo haber tenido origen en la prostituci n, aunque s lo en el siglo XVIII se la menciona como tal. Las contradicciones en la moral y el fraccionamiento de la cultura nativa originaron actos sociales incongruentes contra de las mujeres. Mientras las espa olas podan salir a la calle cubiertas con una saya larga que les tapaba la mitad de la cara dejando descubierto un solo ojo, al generalizarse 33 Van Deusen. “Determinando los limites de la virtud”. Ob. Cit., 1999, p. 45. 34 Pablo Macera. “Sexo y Coloniaje”. Trabajos de Historia. Lima, 1977, p. 316.

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