Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 153 Amberes, Pars, Venecia y Roma17. Lectura obligada para las mujeres de la elite fueron cuatro obras dedicadas a darles consejos y recomendaciones morales. El Jardín de nobles doncellas18, escrito en 1460 y publicado en 1550, por el fraile agustino Martn de C rdova para uso de la futura reina Isabel, donde define como cualidades femeninas la vergüenza, la piedad y el respeto. Los defectos: intemperancia, locuacidad, obstinaci n y la inconstancia. Pero, sobre todas las cualidades sitúa la castidad como la más elevada virtud. Para practicarla y observarla durante toda la vida, Fray Mart n de C rdova aconsejaba a las mujeres procurar convertirse en hombres en lo que respecta a esta virtud. Fray Fernando de Talavera, confesor de la reina Isabel, escribi un ensayo titulado De cómo se ha de ordenar el tiempo para que sea bien expendido (1500?) dedicado a las mujeres casadas para que ordenen y distribuyan su tiempo a fin de servir mejor al hombre que es “en todo y por todo más perfecto que la mujer”, y en consecuencia, stas deben obedecerlo19. Pero las obras más le das y que ejercieron una notable influencia durante el siglo XVI fueron: Instrucción de la mujer cristiana de Luis Vives, y La perfecta casada de Fray Luis de Le n. La primera obra se public en 1524, y conten a una serie de recomendaciones basadas en la premisa de que “todo lo bueno y lo malo de este mundo, puede uno decir sin temor de equivocarse, proviene de las mujeres”20. La perfecta casada data de 158121, es un manual dedicado a las esposas que fue reimpreso más de doce veces en los siguientes cincuenta a os. Considerado durante varios siglos como una sana fuente de opini n y de consejo para las j venes esposas, la obra de Fray Luis de Le n estuvo inspirada en la Biblia y en los escritos de Luis Vives. Por lo tanto, sosten a que el estado del matrimonio era inferior a la virginidad, pero que para efectos prácticos, la perfecci n en cada estado era una meta deseable en la vida de las mujeres. La mejor recompensa era el reconocimiento de sus virtudes por el hombre y por Dios. 17 Martin. Ob. Cit., Barcelona, 2001, p. 102. 18 Fray Mart n de C rdova. Jardín de nobles doncellas. Madrid, 1953. 19 Fray Fernando de Talavera. De cómo se ha de ordenar el tiempo para que sea bien expendido. Madrid, 1911, Vol. 16, p.93. 20 Juan Luis Vives. Introducción de la mujer cristiana. Buenos Aires, 1940. 21 Fray Luis de Le n. Ob. Cit., M xico, 1970.

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