Sara Beatriz Guardia 107 lleg a Lima el 30 de octubre de 1569. El objetivo era demostrar la ilegitimidad del se or o de los Incas y la legitimidad de los reyes de Espa a en el Perú, desmintiendo “la falsedad de la opini n del padre Las Casas”, para lo cual esgrima cuatro argumentos: los Incas fueron tiranos; construyeron el imperio a su antojo; antes de los Incas no hab a se or ni universal ni particular y los indios vivan en behetra; el papa Alejandro VI convirti al rey de Espa a en leg timo se or de los reinos del Perú como premio por su lucha contra el dominio árabe: “como los reyes de Espa a anduvieron ochocientos a os reparando aquellos reinos que los moros hab an ganado en solo ocho meses para tornárselos a dar a Jesucristo, nuestro Se or, y plantar en ellos la bandera de su cruz, y esto con tanto derramamiento de sangre, (…) en premio de tantos trabajos y tan largos con tanta costo de haciendas y vidas, les dio estos reinos tan ricos de oro y plata y perlas y piedras preciosas”40. El Parecer legitim la reforma pol tica del virrey Toledo e intent desautorizar la propuesta del padre Las Casas afirmada en sus dos últimos libros: De thesauris y Doce dudas, “basada en el derecho natural, el derecho humano de gentes y el derecho divino de la evangelizaci n”. La reforma le permiti al virrey Toledo eliminar “al Inca Tupac Amaru por el delito de ser el último “Inca tirano” rebelde”41, imponer un sistema tributario, ordenar el sistema administrativo del virreinato y crear la mita al fin de proveer mano de obra a las minas de Potos (productora de plata) y de Huancavelica (azogue). Tambi n el establecimiento del Tribunal de la Santa Inquisici n, creado el 25 de enero de 1569. Francisco de vila, vicario de las provincias de Huarochir, Chaclla y Mama, divulg la vigencia de ritos tradicionales indgenas considerados “idolátricos” en su libro Ritos y tradiciones de Huarochirí, produciendo tal conmoci n entre las autoridades eclesiásticas de Lima, que posibilit la primera campa a de extirpaci n de las idolatras. En Tratado de los Evangelios, Francisco de vila evoca con orgullo las virtudes de su tarea evangelizadora: “¿Yo propio no saqu más de treinta mil dolos por mis 40 Isacio P rez Fernández O.P. El anónimo de Yucay frente a Bartolomé de Las Casas. Cusco, 1995, p. 118. 41 Ib dem, 47.
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