Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 104 En este contexto, las mujeres fueron más vulnerables, no solo les arrebataron sus tierras, reba os, casas, y haciendas, y se vieron obligadas a trabajar en los obrajes textiles, llegando incluso al extremo de encerrarlas hasta la Real C dula de 1549 que se prohibi esta práctica; sino que el elemento sexual estuvo presente en las relaciones de subyugaci n y explotaci n a trav s de las cuales convirtieron a las mujeres en sus mancebas, esposas, amantes, sirvientas y prostitutas. Guaman Poma de Ayala refiere que los sacerdotes ten an mujeres para que les cocinen, tejan sus ropas y vivan con ellos, y que cuando se cansaban las regresaban a sus casas con los hijos habidos. “...los curas de los pueblos meten a sus casas a las muchachas, con color de la doctrina, a barrer y arreglar y a lavar y a cernir y amasar y a llevar agua a la cocina )…) Que dichos curas tienen cocineras indias, mozas o viejas, y mitayas solteras, de que resultan grandes da os y males”31 El cronista Pablo Jos de Arriaga refiere que los espa oles arrebataban doncellas a sus padres, estimulaban a las casadas para que dejen al marido, y a las v rgenes para que se dediquen a la prostituci n. Molina, el Almagrista, se ala que los espa oles tomaban por la fuerza a las mujeres sin importarles que fueran casadas, viudas o doncellas, y que las utilizaban para tejer y prostituirlas. Agrega Guaman Poma que el Vicario de Mata Moros, reuna a su paso por los pueblos a las j venes más bellas y con el pretexto de adoctrinarlas en la fe cristiana las iniciaba sexualmente. “El vicario Matamoros siendo vicario mandaba ajuntar a las dichas solteras y doncellas, con color de la doctrina desvirgaba a todas, y tena media docena de hijos y traa cargado de indios del pueblo en pueblo; despu s de haber muerto, mand que todas llevasen luto y as lo llevaron”32 “Como los dichos padres de las doctrinas son verdugos porque ellos con sus personas y manos, con sus fiscales y alcaldes, lo castiga y ronda de noche y de d a por las casas y calles, entrando a quitarle sus 31 Guaman Poma de Ayala. Nueva Corónica y Buen Gobierno. Lima, 1993, p. 469. 32 Ib dem, p. 461.
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