Miguelina

91 —¿Cómo cuál? —preguntó con un tono ansioso doña Grimanesa. —El matrimonio de mi amiga Pamelita Apagüeño —respondió. —No sabía que Pamelita se había casado. No me contaste —le dijo doña Grimanesa, con cierto tono de reproche. —Se metió en el Convento de Monjas Carmelitas de Chachapoyas, y se casó con Jesucristo —respondió Miguelina, con ironía en la voz. —Me parece una buena decisión, Miguelinita, la que ha tomado tu amiga Pamelita. Entregó su cuerpo y su alma a Dios —expresó doña Grimanesa con un dulce acento maternal. Miguelina acarició la piedra de corvina de su collar y exclamó: —Yo solo entregaré mi vida, mi cuerpo y mi alma a la Amazonía —dijo con la voz quebrada. Doña Grimanesa la abrazó tiernamente, haciéndole caricias en los cabellos y besándola en la frente, y le dijo hablando con el corazón. —Lo sé, Miguelinita, tu vida está predestinada a luchar por la justicia y por la Amazonía. Tanto la celebración del cumpleaños número dieciséis, como la fiesta navideña fueron inolvidables. Al cumpleaños concurrieron, además de don Segundino Cumapa y su esposa Eva Gunkel, el joven Yasir Rahman y una decena de compañeras del gymnasium. Pero la gran sorpresa fue la presencia de Beldad Apagüeño, la hermana de Pamelita. Beldad, que hacía honor a su nombre, atrapó a la concurrencia contándoles, en su medio alemán, historias mágicas de sachamamas, yacurunas y puca bufeos, que se transformaban en seres humanos para robarse a los hombres, principalmente durante las fiestas de Semana Santa. —Todo eso no es mito, ni leyenda, sino la purita verdad. A mí me robó esta «bufeíta colorada» —gritó a viva voz don Segundino Cumapa, apuntando a su mujer, Evita Gunkel, provocando un oleaje de risas y carcajadas.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx