90 —Por muchas causas. Una era que no había colegio secundario en Yurimaguas, y hubiera tenido que ir hasta Moyobamba para seguir estudiando. Y la otra, ya tú sabes, un cazador yurimagüino, llamado Miguel Acosta Sánchez, me disparó un flechazo y me atrapó —explicó entre risas. —Pero todos mis sueños se están haciendo realidad —dijo doña Grimanesa, poniendo una cara solemne y seria. —¿Cómo se están haciendo realidad tus sueños? —preguntó Miguelina, poniendo una cara de sorpresa. —Porque tú, Miguelinita, mi hija querida, harás realidad mis sueños —contestó emocionada. Faltaba apenas una semana para el 26 de noviembre. —Este cumpleaños será muy especial, mamita —le dijo una mañana Miguelina a su madre, con un tono de voz nostálgico. —¿Por qué, Miguelinita? —preguntó doña Grimanesa, con curiosidad y cierto nerviosismo, como si presintiera una noticia poco agradable o la revelación de un secreto. Miguelina, muy suelta de huesos, exclamó: —Porque este año he conocido a dos grandes amigos y maestros que me han enseñado lecciones para el presente y el futuro —respondió Miguelina. —¿Está entre ellos Yasir Rahman? —preguntó con un tono de incomodidad doña Grimanesa. —¡He conocido a Alexander von Humboldt y a Wolfgang Goethe! —respondió soltando una risa feliz—. A propósito, mamita, hay que hacer la lista de invitados para mi cumpleaños y entre ellos, en primer lugar, deben estar don Segundino Cumapa y Evita Gunkel, y Yasir Rahman y otros compañeros del gymnasium. Luego Miguelina agregó: —Ha habido noticias tristes también.
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