85 a tener sueños extraños, que para los amazónicos significan malos presagios. Se veía en la iglesia de Yurimaguas conversando con los curas pasionistas, pescando en el río Paranapura grandes corvinas que apenas tocaban la canoa se llenaban de gusanos. Hasta que una noche soñó a su esposo vestido con uniforme de soldado. —Soñar con curas, pescado podrido y soldados, aunque el soldado sea tu esposo, es de mala suerte —le contó doña Grimanesa a Miguelina una mañana mientras tomaban el desayuno. —Y si te contara lo que a mí me está pasando en el colegio no lo vas a creer —dijo Miguelina como respuesta. —Por favor, hija, cuéntame y dime por qué has guardado ese secreto a tu madre —le pidió doña Grimanesa a su hija con un tono áspero y urgente. —Fíjate, mamita, un compañero de mi clase, un muchacho árabe llamado Yasir Rahman, me ha pedido que me case con él y que, apenas terminemos el año escolar, viaje con él a Palestina, para sumarnos a jóvenes árabes que se oponen a la colonización. Doña Grimanesa se quedó como paralizada. No podía creer lo que su hija le estaba contando. Solo atinó a preguntarle: —¿Estás en amores con él por eso te ha pedido en matrimonio? —No hay ninguna relación sentimental, ni siquiera somos grandes amigos ni compañeros de clase. Algunas veces me ha hablado de su pueblo y de las tierras de Siria y Palestina, y yo le he contado sobre Yurimaguas y la Amazonía —le explicó Miguelina a su madre, agregando: —El único lugar en el mundo donde yo me iré a luchar por los pueblos indígenas, las mujeres y los obreros es la Amazonía, el Perú, y para eso no necesito casarme —expresó con un tono de voz que sonó más como un juramento. Una semana después de las noticias dadas por don Segundino Cumapa y del cable enviado por doña Grimanesa, llegó la respuesta de don Miguel Acosta Sánchez para su esposa. El cable de don Miguel no
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