76 —Evita, tú que eres berlinesa, como nos acaba de decir tu esposo, cuéntanos cómo es Berlín, dinos si se parece en algo a París. Quisiéramos visitar los lugares más lindos y famosos de esta ciudad —le pidió Miguelina a Eva Gunkel. Eva, que tenía formación de economista, empezó su largo relato diciéndoles, en un español casi perfecto, que Europa en general, con 450 millones de habitantes en ese momento, estaba viviendo un periodo de gran prosperidad... —Es la época de las vacas gordas —interrumpió Miguelina. —¿Vacas gordas? No comprendo —dijo Eva. —Sigue, sigue nomás con tu relato. Vacas gordas es una manera de decir que hay abundancia y prosperidad —le explicó doña Grimanesa. Entonces Evita continuó explicando que esa prosperidad la estaba viviendo Alemania en todos los campos, principalmente el económico, por el auge de la construcción y el transporte, la arquitectura, el arte y la ciencia. —Actualmente, Europa cuenta con una extensa red de vías férreas, y Alemania posee una de las redes más importantes del continente —agregó y prosiguió. El movimiento cultural y artístico, la avant-garde de Berlín, se puede comparar con la de Viena o París. La música, la pintura, así como la moda de vestir y la cocina están haciendo de Berlín una nueva capital mundial del arte y de la cultura —expresó con un tono de orgullo berlinés. —Evita, perdona mi insistencia, ¿y cuáles son los lugares que un visitante está obligado a conocer porque si no puede hacer de cuenta que nunca ha estado en Berlín —reiteró Miguelina. —Precisamente ahora me voy a referir a esos centros. En primer lugar, lo más conocido en toda Europa y el mundo: la Puerta de Brandenburgo, construida en el siglo XVIII. Otros centros históricos más recientes son el Reichstag, el Parlamento, la Plaza París, la Academia de las Artes, la Catedral de Berlín y la Isla de los Museos. Lo que acabo de enumerar
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