Miguelina

77 solo es una parte, porque hay muchos más —indicó Eva Gunkel, y antes de que soltaran por allí otra pregunta, don Segundino Cumapa cortó casi en seco para opinar: —Esta prosperidad no es, como ustedes lo saben, producto del azar. Como decía Carlos Marx, «la violencia es la partera de la historia», y Alemania, Europa y otras partes del mundo viven ahora una prosperidad originada por conflictos y guerras que todos recordamos, donde hubo apropiación y despojo de recursos y riquezas. La guerra también ha traído destrucción y pobreza en los países que fueron derrotados. Las guerras en Hispanoamérica, motivadas muchas veces por sus riquezas, son un ejemplo; felizmente, varias de ellas están llegando a su fin. La guerra Anglo-Bóer terminó el año pasado. Porque la paz trae prosperidad —sentenció don Segundino. —Pero creo que no hay que hacerse muchas ilusiones. Por lo que he leído y escuchado en las discusiones de los políticos en París, esta paz será muy corta —reflexionó Miguelina. —Es cierto, están surgiendo nuevas potencias. Como Estados Unidos de Norteamérica y el Japón. Las heridas históricas entre Alemania y Francia no han cicatrizado, y los nuevos ricos de Europa no han renunciado a sus ambiciones y apetitos coloniales —reflexionó don Segundino Cumapa. —Y ahora yo quiero firmar la paz de esta linda y muy fructífera reunión, invitándoles a almorzar —ofreció doña Grimanesa, mirando con afecto a Eva Gunkel, a don Segundino Cumapa y a su querida hija Miguelina. —Aceptamos de buena gana, y con el mejor agrado la generosa invitación de doña Grimanesa. Pero quiero que me permitan unas breves palabras finales: por indicación y orden de mi respetado amigo, don Miguel Acosta Sánchez, papá de Miguelinita y esposo de doña Grimanesa, he gestionado en uno de los mejores colegios, aquí se les llama gymnasium, la matrícula para el tercer año de secundaria, y también para los estudios de la lengua alemana, todo en el mismo colegio. Las clases de alemán comienzan esta semana y las del tercero de secundaria en agosto —concluyó don Segundino.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx