Miguelina

67 Para la celebración de sus quince años, los primeros invitados como siempre fueron Manuel Vásquez Montalván e Isabelita Díaz Gárate; además, Miguelina invitó a cinco compañeros de clases del Champagnat: Didier, Alain, Joëlle, Violaine y Françoise, sus más cercanas amigas y amigos de clases. El 26 de noviembre, día de su cumpleaños, todos los invitados llegaron a la hora en punto, doce del mediodía. A esa hora la mesa estaba ya servida: aperitivos, vino blanco, ensaladas, quesos, un apetitoso chucrut a la Alsaciana, carne de cerdo, puré de papas y los infaltables helados que a Miguelina le encantaban. La sala lucía engalanada de flores, con un gran ramo de girasoles, las flores favoritas de la quinceañera, y los acordes alegres de la musette, la música de moda que inundaba la sala. Para iniciar la fiesta, doña Grimanesa Cárdenas Montalván tomó la palabra y exclamó: —Querida Miguelinita, queridos primos Manuel e Isabelita, y muy estimadas compañeras y compañeros de mi hija —doña Grimanesa se detuvo un momento para explicar que, como no dominaba el francés, hablaría en español y Miguelina traduciría para sus invitados. Luego prosiguió—: Esta fiesta es, en primer lugar, la celebración de los quince años de mi niña, pero también la conmemoración adelantada de la Navidad y una despedida. Después de la Nochebuena estaremos partiendo hacia Alemania, donde Miguelina estudiará el próximo año. Las palabras de doña Grimanesa, y sobre todo el anuncio de la partida a Alemania, dejó mudos a los invitados. La sala tenía en ese instante el ambiente y la atmósfera de un velorio, el ambiente de alegría por la celebración se había hecho humo. Sorprendida, ante el estado de ánimo de los invitados, que seguían en silencio y sin creer lo que habían escuchado, doña Grimanesa, tratando de recuperar la alegría de los presentes, dijo que no era un viaje sin retorno, que una vez terminados los estudios secundarios, Miguelinita volvería a París para seguir sus estudios de Derecho en la Sorbona.

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