58 Entonces Isabelita narró con lujo de detalles, como una novela de amor, la forma como se conocieron sus padres y, posteriormente, antes de que ella naciera, su traslado a Moyobamba. Y así, siguiendo el curso de los ríos y de la vida, como cientos de moyobambinos, riojanos, saposoínos, lamistas, tarapotinos y de otros pueblos, iniciaron un éxodo con rumbo a la Baja Amazonía, a Iquitos, al Putumayo, en busca de El Dorado, del caucho, el látex del árbol de la shiringa. —Por eso yo crecí en Iquitos y, como ocurrió con ustedes y los hijos de otros comerciantes caucheros, mis padres decidieron enviarme a estudiar a París, y por eso estoy aquí, feliz de compartir esta cena y estos recuerdos —contestó emocionada con los ojos humedecidos. —Pero ahí no termina la historia, porque luego esta hermosa cazadora me cazó aquí, en París —agregó con la voz casi quebrada por la emoción Manuel Vásquez Montalván. En la mesa había potajes para escoger: filetes de cerdo, ensaladas, quesos, yogur, papas fritas, filetes de ternera, sopa de champiñones, baguettes y croissants. —Tengo una sorpresa para ustedes —anunció doña Grimanesa dirigiéndose a la cocina, y cuando retornó al comedor con una humeante olla sopera, agregó—: Aquí está la comida que les hará recordar a nuestra querida Amazonía. Este es un sudado de bacalao preparado al mismo estilo y con los mismos condimentos con los que se prepara el sudado de paiche —exclamó, y todas las miradas apuntaron a la sopera. Los exquisitos olores del potaje provocaban que los comensales se tragaran su saliva, esperando probar esa maravilla. Al final de la cena, sazonada de historias y condimentada por Manuel con los famosos chascarrillos de Lamas, Miguelina sorpresivamente cortó las risas, dirigiéndose con extraña seriedad a Manuel Vásquez Montalván: —Manuel, tú me prometiste traer esta noche las direcciones de las casas donde vivió Flora Tristán. —Claro, pequeña, y aquí las tengo —contestó Manuel, sacando de su cartapacio un papel con las direcciones—. Esta semana, como te prometí, vamos a ir a buscar las casas donde vivió el personaje que tanto admiras, Flora Tristán —agregó.
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