49 sacaba las palabras con cucharaditas —como se dice en la Amazonía cuando las personas hablan muy poco—, con palabras contadas con los dedos de una mano. Físicamente, Miguelina estaba en París, en Europa, en el Viejo Mundo, pero su mente, su imaginación y sus sentimientos estaban en el Perú, en la Amazonía, en Yurimaguas. Su madre, doña Grimanesa, la observaba a hurtadillas desde la cocina o del comedor de la casa cuando hablaba sola. Pero descubrió que en realidad Miguelina no hablaba sola, sino que siempre estaba «conversando» con alguien. A veces dialogaba con su padre, don Miguel Acosta Sánchez. También bromeaba y se reía con Pamelita Apagüeño, su amiga del alma. Y conversaba también con los árboles y los pájaros y le formulaba preguntas al río Huallaga. Cuando no estaba hablando, Miguelina se concentraba otra vez en la lectura de la versión española de Peregrinaciones de una paria. Y revisaba, corregía y agregaba páginas a su libro Peregrinaciones de una amazónica. Se pasaba también horas intentando leer los tres diarios que su madre había comprado en un quiosco de la rue de Seine: Le Temps, Le Figaro y La Croix. La ayuda de su diccionario francés-español Larousse era clave en su proceso de aprendizaje del idioma francés. Estaba, además, obsesionada por descubrir el barrio o la casa donde había vivido Flora Tristán, y su mayor interés por aprender francés era poder leer la versión original de Peregrinaciones de una paria, y los libros de François Charles Fourier y Henri de Saint-Simon, los dos filósofos que, con sus reflexiones e ideas, habían marcado para siempre el pensamiento y el destino de Flora Tristán, por lo que quizás con ella ocurriría lo mismo. Algunas veces, cuando doña Grimanesa observaba que Miguelina estaba muy tensa y fatigada, la invitaba a caminar por las orillas del Sena. Ambas solían recorrer algunos kilómetros de la ribera en silencio, soñando quizás con don Miguel Acosta Sánchez, el río Huallaga, el Amazonas y el océano Atlántico, que eran los caminos del retorno a sus raíces y a sus vidas.
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