Miguelina

43 El poderoso contenido del libro y los testimonios de la extraordinaria vida de Flora Tristán estuvieron a punto de producir un colapso emocional en Miguelina. Además, el largo viaje y la intensa dedicación para escribir su libro, Peregrinaciones de una amazónica, contribuyeron a crear un estado emocional que le provocaba pesadillas, llantos nocturnos y un apetito insaciable que la estaba haciendo subir de peso. —Bueno —le interrumpió su madre— ahora me toca a mí contarte la vida de los dioses mitológicos de la Amazonía. Te contaré de Nugkui, la diosa awajún que creó la yuca y otras plantas alimenticias del pueblo JíbaroJíbaro. Te hablaré también sobre Etsa, el dios sol que hace crecer la vida en la tierra. Conocerás sobre la vida de Yumi, la diosa del agua que sacia la sed humana, y también te contaré de Iwanch, el diablo que siempre está haciendo el mal, y la última historia del viaje será la vida de Ajutap, el dios que da el poder y la sabiduría a los seres humanos. Y así fue precisamente que una mañana, mientras doña Grimanesa Cárdenas Montalván le narraba la vida del Ajutap, quien impidió que los Jíbaro-Jíbaro fueran dominados por pueblos adversarios y por los conquistadores españoles, cuando el oficial del Gregory anunció en el altavoz: —Señores y señoras, en dos horas más de navegación, el Gregory estará arribando al puerto de Liverpool. El anuncio provocó una conmoción de alegría, y todos los pasajeros corrieron a sus camarotes para ordenar sus equipajes y pertenencias, y así estar listos para el desembarque. Miguelina sintió, como en su libro y en el de Flora Tristán, que un capítulo de su vida estaba terminando y empezaría otro. «¿Cómo será este nuevo capítulo de mi vida?», pensó, mientras su estado de ánimo oscilaba, en solo instantes, entre la tristeza y el júbilo, por el fin de la larga travesía. —¿Alguien conocido nos espera en el puerto, mamita? —preguntó Miguelina con la voz temblorosa, como una clara expresión de su nerviosismo.

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