42 Para Miguelina fue una de las impresiones más fuertes de su adolescencia la lectura del testimonio de Flora sobre el encuentro en Arequipa con don Pío de Tristán y Moscoso, el influyente y acaudalado hermano de su padre Mariano. Primero fue un encuentro afectuoso con don Pío y su orgullosa familia; conforme pasaban los días, ella le fue explicando el motivo principal de su viaje al Perú y a Arequipa, para que la reconocieran como hija legítima de Mariano de Tristán y, por tanto, heredera de sus bienes y fortuna. Con esa confesión, las relaciones entre tío y sobrina se tornaron tirantes y hostiles, hasta que una tarde, mientras el volcán Misti erupcionaba, Pío exhibió su verdadera catadura moral: —Mira y escucha, Flora: mi querido hermano Mariano y tu madre AnnePierre Laisnay nunca se casaron; por lo tanto, y de acuerdo con las leyes y las costumbres morales de nuestra sociedad, no te asiste ningún derecho legítimo. Sin embargo, tú deberías agradecer a la familia de Tristán y Moscoso, que te ha recibido y alojado en nuestro digno hogar, y te brindamos el sostén económico para que puedas vivir sin caer en la mendicidad o en la indigencia. Días después de este terrible desencuentro que marcó para siempre su vida en dos direcciones: la ruptura definitiva con la familia de Tristán y Moscoso, y su decisión de dedicar su vida a la lucha por la justicia y los derechos de las mujeres, Flora decidió retornar a Francia, con una breve estadía en Lima. Ya tenía una visión y percepción de la sociedad peruana de Arequipa, ahora quería observar la política y la sociedad en el epicentro del país, en su capital, como parte del marco y el contexto peruano que plasmaría en su libro. La lectura de los capítulos del libro de Flora donde narra su lucha y compromiso por los derechos civiles de las mujeres, y su meta de restaurar la ley del divorcio y su defensa del feminismo, originaron en Miguelina una profunda emoción espiritual y psicológica. En su libreta anotó los nombres de dos filósofos socialistas utópicos: Henri de Saint-Simon y François Charles Fourier, que inspiraron y enriquecieron las ideas y principios de Flora Tristán. —Apenas aprenda el francés leeré a estos dos filósofos —le confesó motivada a su madre.
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