28 Su padre entonces le contó sobre las maravillas de la naturaleza, la vida de las aves y de los animales silvestres del bosque. Una de estas maravillas es la forma de cómo los gallitos de las rocas conquistan a las hembras. Los machos tienen que bailar, hacer acrobacias, piruetas y gestos para ganarse el amor de las gallinitas de las rocas. Y mientras danzaban todos los ritmos al son de la música del viento y de los ritmos y melodías que ellos mismos inventaban con sus alas y gorjeos secretos, ellas, las gallinitas de las rocas, observaban, analizaban y calificaban al gallito que podría ser su amor, su compañero para toda la vida. Una vez tomada la decisión, la gallinita de las rocas, volando o saltando de rama en rama, se acercaba al gallito de las rocas y tocaba su cabecita con el piquito. Ese gesto quería decir: «Te acepto, tú eres el amor de mi vida». Pero ocurría también que la gallinita levantaba vuelo y se dirigía al fondo del bosque. El bailarín sentía entonces que el mundo se le venía encima, porque ese gesto significaba un no rotundo a sus requerimientos amorosos. —Tú, Miguelina, después de escuchar estos relatos de tu padre, te quedabas en silencio y parecía que empezabas a soñar con esas historias. Solo tenías cinco añitos, y tu padre y yo nos imaginábamos tu vida, tu futuro, como un sueño maravilloso —le dijo su madre, justo en el momento en que un oficial del barco anunciaba que en dos horas de navegación más llegarían a la ciudad de Belém do Pará, casi en la desembocadura del río Amazonas, en el océano Atlántico. —Pero, mamita, tú me habías hablado de Manaos, la ciudad que yo también quería conocer —inquirió Miguelina. —Pasamos por Manaos a medianoche, y el barco solo estuvo dos horas en el muelle. Como dormías profundamente, no quise interrumpir tu sueño —le respondió su madre con cariño, acariciándole con la mano derecha sus mejillas. No podía creer lo que estaba mirando; nunca había visto tanta gente. Aquello parecía un río humano. El Gregory estaba acoderado en el inmenso muelle de Belém do Pará, todavía en construcción. Miguelina
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