125 que alguna vez los amazónicos y los peruanos deberían juntarse, estar unidos por varias causas, pero sobre todo por la justicia y la igualdad, y por la defensa de la Amazonía. Música con bombo y baile, sabrosos juanes y patarashcas de pescado y una interminable variedad de dulces, platillos amazónicos y bebidas hicieron que la fiesta se prolongara hasta la medianoche. Cuando el último asistente abandonó la fiesta, Miguelina y doña Grimanesa parecían más despiertas que nunca. Hasta que el primer gallo cantó en la huerta, recién madre e hija sintieron que acababan de vivir uno de los días más largos y felices de sus vidas, y que nunca olvidarían esas horas grabadas en el alma. Durante los días que siguieron, Miguelina recibió a decenas de sus compañeras y compañeros de promoción que llegaban y le pedían que les contara acerca de su vida en Europa. La mayoría de ellas, sobre todo las muchachas, habían abandonado los estudios por muchas causas: pobreza, matrimonio, embarazo, enfermedad, entre otros motivos. Fue en uno de esos días, luego de conocer personalmente el drama de muchas de sus amigas, que se le ocurrió una gran idea: fundar en Yurimaguas el primer colegio de señoritas del Perú. Siguiendo el modelo de colegios de señoritas que ella había conocido en Francia, Alemania y Suiza, y adaptándolo a la realidad de la Amazonía, Miguelina decidió hacer realidad uno de sus primeros sueños juveniles: crear en su pueblo un colegio para mujeres. Habló con medio mundo. Con el obispo de Yurimaguas, el alcalde, el gobernador, con líderes vecinales y políticos. Todos la escucharon con atención y le manifestaban su acuerdo. Pero terminaban diciéndole que la decisión final estaba en manos del Estado, del ministro de Educación y de Lima. Pero que el Estado, el ministro y Lima estaban muy lejos, a más de mil kilómetros de distancia. Pero más lejos aún estaban en el tiempo, en el imaginario, en los intereses de los gobernantes, incluso en la historia. —Lima ignora al resto del Perú —le dijo un día su padre, al ver en su rostro cierto desencanto por el poco o nulo apoyo de las autoridades a su proyecto.
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