121 —¿Será por la competencia del caucho que los ingleses están produciendo en Asia? —indagó Miguelina. —Así es, hijita. Ya se sienten las primeras señales de esa competencia. Los comerciantes están preocupados porque los ingleses empiezan a vender caucho de sus colonias asiáticas y africanas a precios más bajos, caucho barato. Además, los fabricantes de llantas dicen que el caucho inglés es de mejor calidad porque se produce en plantaciones, no es un caucho natural y silvestre —explicó la madre. —¿Por qué es de mejor calidad si son las mismas semillas, según me contó mi papá, que los ingleses se llevaron desde la Amazonía a sus colonias? —preguntó Miguelina. —Sí, son las mismas semillas, pero seleccionadas y cultivadas con mayor control en plantaciones, como dicen los científicos —respondió finalmente doña Grimanesa. Cuando el barco levó anclas, madre e hija seguían conversando, reflexionando sobre las visibles consecuencias que la caída de los precios del caucho estaba ocasionando. —Tu padre te explicará al detalle, como comerciante cauchero que es, todo lo que está pasando ahora en la Amazonía —sentenció doña Grimanesa. Por la memoria y la imaginación de Miguelina se cruzaron muchas imágenes. La explotación, los castigos, las torturas y la muerte de los hombres, mujeres y niños en los campamentos caucheros. Siguió pensando que, con los precios del caucho por los suelos, los campamentos cerrarían y los patrones caucheros se irían a las grandes ciudades para vivir de la riqueza acumulada con la sangre de los indígenas. «La sangre indígena se ha mezclado con la sangre de los árboles de caucho», pensó Miguelina. Pero su rostro sombrío se despejó e, incluso, esbozó una leve sonrisa, imaginando a los indígenas ahora libres de la esclavitud cauchera, gracias al desplome de los precios del látex de caucho o shiringa.
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